La barbarie no se corea
Ninguna rivalidad futbolística ni bandera política justifica jalear a los verdugos de una limpieza étnica
GETAFE/23 AGOSTO 2026.- Yo considero que hay límites que no se negocian, y el pasado jueves en Getafe cruzamos uno francamente repugnante. Me asombra la ligereza con la que ciertos sectores de la grada convirtieron un partido de fútbol en un altavoz de la ignorancia más salvaje al entonar el cántico «Kosovo es Serbia». Comprendo la frustración que produce el complejo rompecabezas geopolítico y la postura oficial del Gobierno español, pero no tolero que se use la geopolítica como parapeto para disculpar el horror.
Quienes gritan esa consigna en un estadio no están defendiendo la unidad territorial de ningún Estado; están validando, por pura ignorancia o por pura maldad, los crímenes de un régimen genocida. Pienso en la masacre de Suva Reka en marzo de 1999, cuando las fuerzas serbias masacraron a 48 civiles albaneses. Encerraron a 46 miembros de la familia Berisha en una pizzería local, les dispararon, les arrojaron explosivos y luego fletaron camiones militares para esconder sus cadáveres en fosas comunes cerca de Belgrado. ¿Es ese el régimen que algunos pretenden jalear entre cerveza y bufandas?
A mí no me sirve la excusa del apasionamiento deportivo ni el reduccionismo ideológico. Durante la guerra de Kosovo, la estrategia de Slobodan Milošević costó la vida a entre 7.000 y 9.000 civiles y provocó el desplazamiento forzado de más de 850.000 personas. Ignorar estos hechos documentados por tribunales internacionales para proyectar frustraciones políticas locales es una aberración moral.
La solución pasa por erradicar el romanticismo ultra y aplicar una tolerancia cero sin contemplaciones. Las instituciones deportivas y los clubes deben expulsar de inmediato a quienes utilicen la grada para glorificar limpiezas étnicas. El fútbol no puede ser el refugio donde la barbarie quede impune.
Andrés Gómez

