Mónica García prefiere el sillón a las urnas
La izquierda madrileña no necesita tutelas ni censos a la carta, sino la valentía de dejar que los ciudadanos voten
GETAFE/18 SEPTIEMBRE 2026.- Asisto perplejo al último espectáculo de la política parlamentaria: la ministra de Sanidad, Mónica García, nos pide de nuevo que aplacemos el debate de los liderazgos. «No hay que empezar la casa por el tejado», nos pontifica. Yo me pregunto si esta repentina alergia a las urnas no es más que el viejo truco de quien teme perder el suelo bajo sus pies.
Resulta difícil no sentir indignación. Hace solo unos meses presenciamos en directo cómo su propio compañero Emilio Delgado denunciaba la manipulación del censo interno de Más Madrid. Un maniobra orientada a blindar el control del aparato y cercenar la participación política. Hoy, tras nueve años instalada en la moqueta institucional y cobrando del erario público desde 2015, la señora ministra pretende convencernos de que votar para elegir una candidatura unitaria entre ella, Irene Montero o el propio Delgado es un exceso de «ego».
El «porqué» de este aplazamiento estratégico es dolorosamente transparente: a la dirigencia acomodada le aterroriza la voz de sus propios simpatizantes. Cuando los programas coinciden, cuando la militancia se cruza en las mismas manifestaciones y cuando los votantes comparten prioridades, apelar a la «unidad» para impedir que la gente decida equivale a tomar a la ciudadanía por cautiva.
La fragmentación de la izquierda ha entregado mayorías absolutas en plazas clave de la geografía nacional. Sin embargo, la solución para evitar que se repita ese escenario no pasa por los despachos ni por los vetos cruzados, sino por la legitimidad democrática.
Si de verdad queremos frenar el avance de la derecha y construir un proyecto útil, la única salida lógica es aparcar las maniobras de aparato y abrir las urnas de par en par a los ciudadanos. Lo contrario no es responsabilidad política; es pura supervivencia personal.
Adolfo Gómez

