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Una investigación de la Universidad Carlos III desvela la compleja logística militar y legal de los espectáculos con fieras en el Imperio Romano

La investigación, basada en el Código Teodosiano y publicada en la Revista General de Derecho Romano, demuestra el control imperial y el despliegue logístico que requerían estos populares festejos.

GETAFE/08 SEPTIEMBRE 2026.- Un estudio jurista del Instituto de Estudios Clásicos Lucio Anneo Séneca de la UC3M revela cómo el Imperio Romano regulaba la captura y transporte de animales exóticos para las venationes. La investigación, basada en el Código Teodosiano y publicada en la Revista General de Derecho Romano, demuestra el control imperial y el despliegue logístico que requerían estos populares festejos.

Detrás de la fascinación que despertaban las cacerías y exhibiciones de animales en los anfiteatros romanos existía una sofisticada maquinaria militar y administrativa. Un nuevo estudio liderado por la investigadora Rosa María Carreño Sánchez, del Instituto de Estudios Clásicos Lucio Anneo Séneca de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), analiza las dimensiones jurídicas de estos espectáculos a partir de dos constituciones imperiales del Código Teodosiano.

La investigación demuestra que el poder imperial ejercía un férreo control sobre los animales exóticos. Durante la época tardoantigua, la escasez de grandes felinos motivó la creación de un monopolio estatal sobre los leones. De este modo, la propiedad de estos animales pertenecía en exclusiva al emperador para garantizar el abastecimiento de sus espectáculos y evitar la competencia de particulares.

Para llevar a cabo estas capturas, el ejército romano disponía de unidades altamente especializadas en el rastreo, captura y custodia de las fieras en las fronteras. Entre estas tropas destacaban los soldados denominados ad leones, los ursuarii y los vestigiatores.

El traslado de las fieras hasta la capital o los vivarios imperiales generaba continuas tensiones logísticas. Las provincias debían abastecer al personal de transporte a costa de las arcas locales. Esta situación derivaba en ocasiones en picaresca y prolongaciones indebidas que arruinaban a las ciudades o encubrían el uso fraudulento de animales en espectáculos privados. Para evitar estos abusos, la administración imperial impuso severas multas en oro a los mandos militares que incumplían las normas.

A diferencia de los combates de gladiadores, que cayeron en desuso por la condena moral cristiana y su elevado coste, las venationes perduraron durante siglos como símbolo del dominio humano sobre la naturaleza. Este fenómeno masivo se extendió por todo el Imperio, incluyendo Hispania, donde anfiteatros como el de Itálica (Santiponce, Sevilla) albergaban este tipo de eventos.

El análisis del Derecho romano permite comprender la gestión de recursos, los conflictos territoriales y el enorme esfuerzo logístico que requería la trastienda de los festejos más populares de la Antigüedad.

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