Esto no va de tú abuela, va de tú coche
Bajo la trampa narrativa de cuidar a nuestros ancianos, se esconde la rabieta de un modelo urbano obsesionado con la prioridad absoluta del coche privado.
GETAFE/27 AGOSTO 2026.- Yo considero que no hay nada más cobarde en el debate público que esconder el propio interés detrás del colectivo más vulnerable. En los últimos días he visto desplegarse una indignación desmedida a cuenta de la reorganización de aparcamientos en nuestras calles. Se afirma, con una gravedad casi dramática, que la reducción de plazas de estacionamiento deja desprotegidas a nuestras personas mayores y con movilidad reducida. Me asombra el nivel de cinismo al que podemos llegar para no admitir una verdad incómoda: esto no va de la abuela, va del coche.
Pienso que la realidad es aplastante y conviene decirla sin rodeos. Las personas con problemas de movilidad acreditados disponen de reservas específicas y plazas de aparcamiento accesible bien delimitadas, situadas estratégicamente a escasos metros de los accesos principales. Quien se lanza a las redes sociales a agitar el fantasma de las sanciones sobre la acera y a llorar por la falta de espacio libre suele ser un perfil muy distinto: el conductor joven e hiperconectado que exige espacio público gratuito para guardar su propiedad privada. Utilizar la causa de la accesibilidad como escudo humano para defender el privilegio del asfalto no solo me parece una manipulación burda, sino una grave falta de respeto hacia quien verdaderamente sufre las barreras urbanas.
La razón por la que este discurso cala con tanta facilidad es sencilla: la mente humana siempre busca una justificación moral para defender sus propios beneficios. Resulta mucho más noble decir que protestas por la dificultad de tu vecino anciano que admitir que te molesta dar dos vueltas a la manzana o pagar un parking. Sin embargo, los hechos son tozudos. Llenar las aceras de coches para que nadie camine no ayuda a quien lleva muletas o silla de ruedas; al contrario, convierte la ciudad en un campo de obstáculos inaccesible.
No podemos seguir permitiendo que la demagogia dirija la movilidad de nuestras ciudades. Exijamos mejores plazas reservadas y transporte público impecable para quien realmente lo necesita, pero retiremos de una vez la máscara a quienes confunden la empatía con la comodidad de su garaje.
Luis González

