Salud

Ministra, suba el impuesto al tabaco o dimita

El humo nos cuesta la vida y el dinero mientras España sigue ofreciendo el tabaco más barato de Europa.

GETAFE/09 AGOSTO 2026.- Mañana por la mañana, miles de adolescentes españoles van a comprar su primer paquete de cigarrillos por apenas cinco euros. No lo harán porque sean imprudentes por naturaleza; lo harán porque la cajetilla cuesta en nuestras estancos menos que una hamburguesa de cadena rápida. Mientras observo cómo las terrazas de nuestro país se llenan de humo denso e impune, me asombra la absoluta pasividad del Ministerio de Sanidad. España se ha convertido, ante la mirada complaciente de sus gobernantes, en el estanco barato y cutre de la Unión Europea. Y yo considero que esta inacción ya no es una simple omisión administrativa, sino una falta grave de responsabilidad pública.

Los datos oficiales y los mapas de tributación de la Unión Europea no mienten: España mantiene una de las cargas fiscales sobre el tabaco más bajas de todo el continente. Mientras en Francia o Irlanda un paquete supera holgadamente los diez euros mediante una fiscalidad disuasoria, aquí seguimos regalando el humo a precio de saldo. Esta diferencia no es casual ni inevitable; es el resultado directo de la falta de valentía política. Pienso que resulta bochornoso ver cómo una administración que se autoproclama progresista y defensora de lo público le tiemblan las piernas cada vez que le toca plantarle cara a la poderosa industria tabaquera.

Y la razón de este desastre es tan simple como demoledora: la mente humana y los hábitos sociales responden directamente al bolsillo. La evidencia científica y los datos de la Organización Mundial de la Salud demuestran que la fiscalidad alta es la medida preventiva más efectiva que existe para reducir el consumo, especialmente entre los jóvenes y las rentas más vulnerables. Subir un 20% el impuesto del tabaco no solo salvaría miles de vidas al año reduciendo drásticamente la tasa de fumadores, sino que además recaudaría cientos de millones de euros netos. Cueros financieros e ingresos directos que irían a parar, precisamente, a las arcas de una sanidad pública que hoy agoniza por falta de recursos y saturación en sus oncologías.

Es una ecuación perfecta donde la salud gana y la caja pública se recupera, pero Sanidad prefiere el perfil bajo y las campañas de concienciación cosméticas que no molestan a nadie. Agitamos las manos para espantar el humo en las terrazas y nos indignamos por las listas de espera en los hospitales, pero nos negamos a aplicar la solución más lógica y directa que tenemos encima de la mesa. Me niegan la lógica cuando afirman que protegen la salud mientras mantienen las puertas abiertas al adicto con precios de saldo.

Ministra Mónica García: ser valiente no consiste en publicar tuits combativos ni en pronunciar discursos inflamados en los congresos. Ser valiente en la gestión pública significa firmar la subida fiscal que ahogue la rentabilidad del veneno y financie los hospitales de todos. Si no se atreve a enfrentarse al lobby del tabaco para salvar la sanidad pública, le queda una última salida honorable: presente su dimisión hoy mismo y deje paso a alguien que sí esté dispuesto a defender nuestras vidas.

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