“Las empresas no ven personas usuarias, ven horas facturadas”
Concha Real, portavoz de la Plataforma Unitaria de Auxiliares y ex trabajadora del servicio en Getafe, intervino ayer en un acto parlamentario en Madrid para reclamar la gestión pública de la dependencia.
GETAFE/28 ABRIL 2026.- La portavoz alertó sobre los bajos salarios, las dolencias físicas no reconocidas y el impacto de la gestión privada en un sector donde el 97% son mujeres. Ayer, el Congreso de los Diputados acogió el acto ‘Así se consiguieron tus vacaciones: construyendo derechos laborales y vidas dignas’, organizado por el grupo parlamentario de Podemos. En este foro, Concha Real, destacada portavoz de la Plataforma Unitaria de Auxiliares del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) y con una larga trayectoria profesional en Getafe, ofreció un crudo testimonio sobre la realidad de un sector que atiende a más de 120.000 mujeres en toda España.
Un sistema «fallido» y privatizado
Durante su intervención, Real denunció que el actual sistema de dependencia no funciona, señalando que, entre enero y marzo de 2026, 9.000 personas han fallecido en las listas de espera en España. Según la portavoz, el origen del problema reside en la falta de financiación y en la entrega de los contratos públicos a grandes empresas y fondos de inversión.
«Para estas empresas, las personas dependientes no son usuarias, son horas facturadas», afirmó con dureza. Real explicó que, mientras las administraciones pagan 24 euros por hora de servicio, las trabajadoras apenas perciben 9 euros, situando los salarios base en torno a los 1.064 euros por jornadas que, en muchos casos, ni siquiera son completas.
Riesgos laborales invisibles
Uno de los puntos más críticos del discurso fue la denuncia de la falta de evaluaciones de riesgos laborales. Al desarrollarse el trabajo en domicilios privados, las auxiliares carecen de la protección de inspectores de trabajo o técnicos de prevención. Esto deriva en que lesiones graves, como las hernias discales provocadas por movilizar a dependientes sin grúas, se tramiten como enfermedades comunes y no profesionales.
Real describió una rutina diaria extenuante, marcada por desplazamientos no pagados y una alta carga emocional. «Somos el sector que va a trabajar más medicada; con el café va el tramadol», relató para ilustrar el desgaste físico que sufren las plantillas, compuestas mayoritariamente por mujeres y población migrante.

