Movilidad

El ruido del tráfico supera a la polución como problema de salud en los entornos escolares de Getafe

Los investigadores asocian el ruido a problemas cardiovasculares, respiratorios y de desarrollo cognitivo en la población infantil

GETAFE/09 DICIEMBRE 2025.- Un estudio de la Universidad de Alcalá y el Instituto de Salud Carlos III desvela que la contaminación acústica del tráfico rodado es ya más perjudicial para la salud de los menores de 14 años en entornos escolares que la atmosférica. Las conclusiones del informe, presentadas en septiembre y publicadas en el International Journal of Biometeorology con datos de 2013-2018 en Madrid, son una señal de alarma para Getafe. Los investigadores asocian el ruido a problemas cardiovasculares, respiratorios y de desarrollo cognitivo en la población infantil.

Investigadores de la Universidad de Alcalá y el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) de Madrid han constatado que la contaminación acústica generada por el tráfico ya provoca más problemas de salud entre los menores que la polución atmosférica. El estudio, presentado en septiembre por el profesor Julio Díaz y la investigadora Cristina Linares, ambos del ISCIII, analizó los ingresos hospitalarios como indicador.

El informe se basó en los datos recogidos entre 2013 y 2018 en centros educativos de la ciudad de Madrid. Los resultados determinaron que el grupo de menores de 14 años es el segundo más afectado por problemas de salud de origen ambiental, solo por detrás de los mayores de 65 años. La mayoría de las afectaciones en este segmento infantil se producían por el frío, el dióxido de nitrógeno (NO2) y, sobre todo, por el ruido. Este resultado fue calificado como inesperado.

Julio Díaz, profesor de Investigación del ISCIII, explicó la gravedad de la situación. Según el investigador, el ruido del tráfico rodado, origen también del NO2, se relaciona con diversas patologías. Entre ellas, citó la mortalidad, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, diabetes, partos prematuros y bajo peso al nacer. Además, el ruido influye en el desarrollo cognitivo de los menores, la ansiedad, la depresión y el suicidio.

Por su parte, la investigadora Cristina Linares solicitó una legislación específica para los entornos escolares, así como para residencias de ancianos. Abogó por que estos lugares sean considerados Zonas de Bajas Emisiones para proteger la salud de sus usuarios. Linares alineó sus peticiones con las de la organización ciudadana Revuelta Escolar. Este movimiento lleva años pidiendo la pacificación de los colegios limitando el tráfico rodado en sus alrededores.

En este contexto, Màrius Navazo, geógrafo de Gea21, reflexionó sobre la tolerancia social. El experto apuntó a que se suelen aceptar mejor los perjuicios ocasionados por el modelo de vida del adulto hegemónico. Estos daños incluyen los asociados al tráfico, la contaminación del aire y el ruido. En contraste, se toleran menos las molestias generadas por la propia convivencia, como el sonido de los niños jugando en los patios escolares.

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