Sostenibilidad

Una especie sensible a la contaminación aparece en uno de los tramos más degradados del Río Manzanares

El tramo bajo del río Manzanares vuelve a sorprender. Un equipo de la Asociación para el Seguimiento de la Biodiversidad de Getafe (ASBioGetafe) documenta por primera vez en la historia la presencia de la Candil de gancho (Onychogomphus forcipatus unguiculatus) en este tramo del río dentro incluso de la ZEC y el Parque Regional del Sureste, una libélula sensible a la contaminación y utilizada como bioindicador del buen estado de los ríos a nivel nacional

GETAFE/03 DICIEMBRE 2025.- El hallazgo original, publicado en la revista científica Graellsia del MNCN-CSIC, constituye el primer registro conocido de esta especie en el tramo bajo del Manzanares, un río que, en este punto, continúa mostrando claros signos de degradación ambiental.

Una libélula que exige aguas limpias… ¿en un río alterado?

Durante uno de los muestreos periódicos que realizan los investigadores durante el verano en la zona de Perales del Río, el equipo identificó al menos siete ejemplares distintos, incluyendo machos defendiendo sus territorios, hembras y una pareja en cópula. Estos comportamientos apuntan a que la especie podría estar intentando establecerse o ya está establecida.

Y es que esta subespecie, habitual en ríos bien conservados, necesita aguas permanentes, oxigenadas, limpias y con un lecho de gravas y cantos rodados. Su presencia en zonas urbanas suele ser excepcional, pero en este caso confirman los datos de mejora de la calidad del agua de la Confederación Hidrográfica del Tajo, disponibles para su consulta.

“Que aparezca aquí plantea preguntas interesantes. ¿Ha mejorado realmente el río? ¿O está aprovechando refugios muy puntuales de calidad?” comenta Cristian, autor de la nota científica e integrante de ASBioGetafe.

Un río profundamente transformado

El Manzanares en Getafe no tiene su dinámica ni aspecto natural y original. Los caudales constantes procedentes de depuradoras han borrado los estiajes típicos y modificado la estructura del lecho. Se han perdido gran parte de los sedimentos finos y aparecen al descubierto zonas de gravas, justo el tipo de hábitat que esta libélula prefiere.

Paradójicamente, el propio deterioro del río podría estar creando microhábitats estables que esta especie usa, aun cuando el conjunto del ecosistema sigue mostrando problemas ecológicos graves: riberas simplificadas, desconexión entre el cauce y la vegetación ribereña, vertidos y presión urbana.

¿Hasta qué punto estos cambios artificiales están generando hábitats “accidentalmente adecuados”?

¿Podemos considerar estos indicios como señales de recuperación, o son solo excepciones dentro de un sistema muy alterado?

Una oportunidad para repensar el estado ecológico del Manzanares

La presencia de esta libélula amplía el conocimiento sobre su distribución regional y demuestra que incluso los ríos antropizados pueden albergar fauna de alto valor ecológico. Pero también invita a revisar los motivos reales del rechazo y mala imagen que la sociedad sigue teniendo del río.

“Quizá una de las cosas más importantes de este hallazgo, son las preguntas que nos hace plantear: ¿qué está pasando en el río?, ¿qué condiciones están favoreciendo su presencia?, ¿qué margen hay para su recuperación real?, ¿cuántas otras especies están pasando desapercibidas?”, añaden.

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