Cultura

Rafael Benito: una vida entre el teatro, la creación y la libertad

Actor, director, escenógrafo y fundador de la compañía Alauda Teatro, junto a su compañera Isabel Sobrino, Benito es una de esas figuras que conciben el teatro como una forma de vida, no como un oficio pasajero

GETAFE/19 OCTUBRE 2025.- Rafael Benito habla pausado, con la serenidad de quien lleva toda una vida en los escenarios “Terminé en la Escuela de Arte Dramático en Madrid en el año 83”, recuerda. “Y entonces parecía que ya tenías licencia para ser actor, pero lo importante vino después: decidir qué teatro quería hacer”.

Desde sus primeros años tuvo claro que el teatro, y no el cine o la televisión, sería su camino. Tras fundar una primera compañía con compañeros de la escuela, comenzó a interesarse por la escritura teatral y la escenografía, facetas que más tarde marcarían toda su trayectoria. “Siempre me ha interesado construir, imaginar proyectos y darles forma. La escenografía y los títeres me permitieron unir las artes plásticas con la interpretación”.

Durante los años 80, el joven actor vivió intensamente la efervescencia cultural madrileña. “Era una época fascinante”, dice con nostalgia. “Podías ver a Peter Brook, a Tadeusz Kantor o al Dramaten de Estocolmo con montajes de Bergman. Eso te abría la cabeza. Te dabas cuenta de que la técnica que habías aprendido en la escuela era solo el principio, que lo importante era la creación”.

Con el tiempo, Rafael y su pareja artística y vital, Isabel Sobrino, decidieron abandonar Madrid para buscar un modo de vida distinto. “Vivíamos en Lavapiés, con una hipoteca, corriendo de un lado a otro para ensayar. Un día encontramos un pequeño pueblo en el norte de Burgos, Salazar, y decidimos quedarnos. Era 1992. Compramos un caserón casi en ruinas y lo convertimos en nuestro hogar y en nuestro teatro”.
Así nació Teatro La Realidad, un espacio que combina vivienda, taller, ensayo y sala de representación. “Ganar tiempo y espacio nos cambió la vida. Aquí podemos invitar a actores, construir marionetas, crear sin prisas. Es otra manera de entender el arte”.

El trabajo de Alauda Teatro ha dado lugar a más de 30 montajes, muchos de ellos inspirados en los clásicos, especialmente el teatro griego. “Me interesa mucho la tragedia antigua. Nuestra última obra, Medea Treno, es una versión libre de Eurípides en la que mezclamos textos de Nietzsche, Hölderlin o Keats. No se trata solo de contar una historia, sino de crear un universo escénico donde los objetos, la música y la luz también sean actores”.

Benito reflexiona sobre su forma de entender el teatro contemporáneo. “El público de hoy no es el mismo que el de los años 80. Está acostumbrado al lenguaje audiovisual, a los saltos de tiempo y espacio. El teatro tiene que dialogar con eso, buscar nuevos lenguajes sin perder su esencia”. Por eso, su trabajo combina interpretación, títeres, música en directo y experimentación visual. “Los objetos pueden ser tan dramáticos como un actor. Un cuchillo, una marioneta, una luz… todo tiene una función narrativa. En Medea Treno utilizo elementos que no son títeres, pero funcionan como tales”.

El reconocimiento a su trabajo ha llegado desde lejos. Tras su estreno en 2019, Medea Treno ha viajado por España y por el extranjero. “En Emiratos Árabes nos dieron el primer premio del festival, entre más de 30 compañías. Este año hemos vuelto de El Cairo con el premio a la mejor dirección. Lo curioso es que una obra tan poética y poco convencional ha sido más comprendida fuera que aquí”.

A pesar de los galardones, Rafael insiste en que el éxito nunca fue su meta. “Lo importante es tener fe en lo que haces y trabajar con pasión. Vivir del teatro es difícil, pero posible si crees en ello. Nosotros lo hemos conseguido alejándonos del ruido y construyendo nuestro propio espacio de creación”.

Actualmente, Alauda Teatro prepara nuevos proyectos: una instalación de autómatas llamada Caballos, que se estrenará en noviembre, y una próxima obra inspirada en el mito de Odiseo, además de talleres de interpretación y construcción de títeres en su sede burgalesa. “Nuestros proyectos tardan años en madurar. No tenemos prisa por estrenar. Somos una compañía de repertorio, y eso nos da libertad”.

Cuando habla de su futuro, Rafael Benito no suena cansado, sino convencido. “El teatro no es entretenimiento, aunque deba entretener. Es una forma de conocimiento. Y si consigues emocionarte tú primero, el público te seguirá”.

Y así, desde su rincón en Salazar, el creador que un día dejó Madrid para buscar “la auténtica realidad” sigue dando vida al teatro más esencial, el que no necesita artificios para ser verdad.

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