Desde Medellín hasta el Coliseum: el viaje de un corazón azulón
Una joven colombiana cumple su sueño de cruzar el Atlántico para conocer el estadio del Getafe CF, el equipo que eligió desde niña a más de 8.000 kilómetros de distancia.
GETAFE/15 JULIO 2025.- A veces el fútbol no se elige con la razón, sino con el corazón. Es lo que le ocurrió a una joven aficionada colombiana que este fin de semana cumplió el sueño de su vida: pisar el Coliseum Alfonso Pérez, el estadio donde juega el Getafe Club de Fútbol, su equipo del alma desde que tenía solo ocho años.
Su historia se ha hecho viral en redes sociales bajo el nombre de usuario @Getafe_Col, donde compartió una emotiva secuencia de mensajes que ha emocionado a miles de seguidores azulones y del fútbol en general. Su publicación principal, en la que aparece con la camiseta del club y la frase «Un sueño hecho realidad«, ha superado las 40.000 visualizaciones en menos de 24 horas.
Todo comenzó en 2014, cuando apenas tenía ocho años y pasaba horas jugando al FIFA 14 en una vieja consola PlayStation 2. “Por algún motivo que no recuerdo, jugaba mucho con el Getafe”, relató. Sin haber visto un solo partido, ya proclamaba en el colegio que el Getafe era “su equipo”. Esa elección inocente, casi aleatoria, fue el inicio de un vínculo profundo, duradero y auténtico.
El primer partido que vio en directo fue un empate contra el Huesca en los playoffs de ascenso a Primera División. Desde entonces, siguió al equipo cada vez más de cerca, mientras a su alrededor todos eran del Barcelona o del Real Madrid. En 2020, en plena pandemia, creó la cuenta con la que hoy ha contado su historia y comenzó a ver todos los partidos del Getafe sin excepción. Fue también entonces cuando Ángel Rodríguez, delantero del club, se convirtió en su ídolo y en su amor juvenil. “Además de hacer goles como se le daba la gana, era guapísimo”, confesó entre risas.
Gracias a su dedicación, recibió camisetas del club —una de ellas, ganada en un sorteo de ESPN Colombia—, y en 2022, sus tías le regalaron otra, que aunque era varias tallas más grande, la llevaba con orgullo.
Esta semana, por fin, ha cruzado el océano para conocer el estadio que tantas veces soñó desde Medellín. Ocho mil kilómetros recorridos para tocar el césped, recorrer las gradas y sentir en vivo la pasión azulona.
En un mundo cada vez más globalizado, donde el fútbol parece girar en torno a los gigantes de siempre, esta historia nos recuerda que los colores del alma pueden encontrarse en cualquier parte del mundo. Y que a veces, un videojuego y un corazón decidido bastan para crear un lazo irrompible.

