El calor que mata: el cambio climático dispara la mortalidad en las olas de calor europeas
Un nuevo estudio del Imperial College de Londres revela que dos de cada tres muertes por calor durante la última ola europea no habrían ocurrido sin el calentamiento global. Getafe, como otras ciudades españolas, aún no está preparada para enfrentar la amenaza creciente del calor extremo.
GETAFE/09 JULIO 2025.- La crisis climática ya no es una amenaza futura: está cobrándose vidas ahora. Así lo demuestra un contundente estudio publicado este miércoles por el Imperial College de Londres, que ha puesto cifras al impacto letal del calentamiento global en Europa. Según los investigadores, unas 2.300 personas murieron por causas relacionadas con el calor extremo durante la última ola que golpeó el continente entre el 28 de junio y el 2 de julio. Lo más alarmante: 1.500 de esas muertes —el 65%— se atribuyen directamente al cambio climático.
La climatóloga Friederike Otto, coautora del estudio, lo resume con una frase demoledora: “En un mundo sin calentamiento global, dos de cada tres de esas personas seguirían vivas”.
El informe se basa en modelos climáticos y datos históricos de mortalidad para estimar el efecto que el aumento de temperaturas —1,3 °C por encima de la media preindustrial— tiene sobre la salud pública. El análisis abarca varias ciudades europeas, desde Atenas hasta Londres, pasando por Budapest y Zagreb, pero sus conclusiones resuenan con fuerza en el sur del continente, donde el calor es más intenso y prolongado. En España, las temperaturas superaron los 40 grados durante varios días, y fenómenos como el incendio forestal de Lleida, con ráfagas de fuego avanzando a 28 km/h, evidencian la fuerza destructiva de estos eventos.
El perfil de las víctimas confirma una vieja advertencia: el calor golpea más fuerte a los más vulnerables. El 88% de las muertes relacionadas con el cambio climático se registraron en mayores de 65 años, muchas de ellas con enfermedades crónicas como cardiopatías, diabetes o problemas respiratorios. Los investigadores insisten en que aumentos relativamente pequeños de temperatura pueden ser letales cuando se combinan con condiciones de salud preexistentes.
Aunque ciudades como París o Milán han registrado un número de fallecimientos similar al de grandes catástrofes recientes —como las inundaciones de Alemania en 2021—, el caso de Madrid ha vuelto a levantar preguntas. A pesar de no ser la ciudad más calurosa, sí presenta un exceso de mortalidad especialmente elevado. “Es posible que la falta de costa o la alta proporción de personas mayores que viven solas influya”, apunta Otto. Pero el informe también señala la falta de adaptación urbana como una causa clave.
Y aquí es donde Getafe no puede mirar hacia otro lado. Aunque no aparece como uno de los casos analizados en el estudio, nuestra ciudad comparte muchas de las vulnerabilidades señaladas por los expertos: un parque urbano todavía insuficiente, densidad habitacional elevada y una población cada vez más envejecida. Las olas de calor seguirán llegando —y serán más largas e intensas—, y la falta de respuesta institucional podría tener un coste en vidas humanas.
El epidemiólogo Pierre Masselot, otro de los autores, advierte que la proporción de muertes por calor atribuibles al cambio climático sigue creciendo: el año pasado era el 50%, ahora es el 65%. “O adaptamos nuestras ciudades o pagaremos un precio mucho más alto en la próxima ola”, sentencia. Las soluciones están claras: más zonas verdes, menos coches, edificios mejor aislados y, sobre todo, una reducción drástica de las emisiones.
Mientras tanto, la pregunta se impone en ciudades como Getafe: ¿estamos haciendo lo suficiente para que el calor no siga matando? Porque el calor ya no es solo una molestia: es una amenaza mortal.

