“En el sur de Madrid se han creado barrios desconectados de las localidades a las que pertenecen”

Jorge Dioni López es periodista y escritor que ha removido los cimientos del urbanismo y la política con su último libro, ‘La España de las piscinas’.

GETAFE / 24 MARZO 2022/.- Jorge Dioni López (Benavente, Zamora, 1974) es un periodista y escritor que ha removido los cimientos del urbanismo y la política con su último libro, ‘La España de las piscinas’ (editorial Arpa). En este ensayo, Dioni disecciona la estrecha relación entre la proliferación de urbanizaciones destinadas a lo que él viene en llamar la “clase media aspiracional” y la evolución del mapa político.

En esta entrevista concedida a Getafe Central nos explica en profundidad este concepto y la vinculación directa entre un modelo determinado de urbanismo, que apuesta por el individualismo, y su consecuente reflejo en las urnas.

P.- ¿Cómo surge la idea de escribir ‘La España de las piscinas’?
R.- La primera idea surgió el 20 de abril de 2019. Había varios medios de comunicación que permitían mirar los resultados por barrios. Miré cómo había votado el mío, en Alcorcón, y vi que Ciudadanos tenía un respaldo que llegaba a un tercio de los votos. Miré el sur de la Comunidad de Madrid y vi otros lugares que también eran naranjas. Todos eran nuevos desarrollos con calles rectas, rotondas, centros comerciales y piscinas. También tenían en común una población situada alrededor de los 40 años con hijos, más servicios privados que públicos y grandes carreteras cerca. Amplié el foco a España y vi que sucedía lo mismo. Consulté a una arquitecta y me recomendó varias lecturas sobre urbanismo y voto, así como la influencia de la construcción dispersa, los suburbios, en la evolución política de lugares como Estados Unidos. Cuando una editorial se interesó por la idea, profundicé en el tema. Como digo, en América es un modelo urbanístico que tiene mucha más difusión.

P.- ¿En qué momento y debido a qué cuestiones se empieza a desarrollar este modelo urbanístico en España?
R.- Entre el año 1992 y 1993, el Ayuntamiento de Madrid, encabezado por Álvarez del Manzano, presenta una propuesta que rompe el modelo progresivo que se había seguido hasta entonces. Quiere construir 70.000 viviendas mediante el desarrollo de seis Programas de Actuación Urbanística (PAUs), que abarcaban más de dos millones de metros cuadrados de suelo en seis áreas: Monte Carmelo, Arroyofresno, Las Tablas, Sanchinarro, Vallecas Villa y Carabanchel. El desarrollo de la mayoría de esos espacios ya estaba previsto, pero de forma mucho más moderada, con mucho espacio verde, por ejemplo. Es el primer gran plan urbanístico que se presenta, y, constituye una solución para el parón que sufre la economía tras el 92, ya que aprovecha y promueve la construcción de las infraestructuras necesarias para su articulación, como la M-40, M-45 y M-50. Las discrepancias con la Comunidad de Madrid se solucionan cuando el PP gana las elecciones en 1995 y la propia Comunidad de Madrid comienza a promover desarrollos en diversas localidades, como; Alcorcón, Fuenlabrada, Arroyomolinos, Arganda del Rey, el corredor del Henares, etc. Este modelo se extiende por otras comunidades gracias a la nueva legislación urbanística, el impulso de las administraciones y la facilidad de crédito, tanto a promotores como a compradores, de las cajas de ahorro. Es lo que conocimos como el Boom. Hay varias decenas de ciudades en España con desarrollos en los que hay calles rectas, rotondas, centros comerciales y piscinas.

P.- ¿La ideología impulsa un determinado modelo de urbanismo o es el urbanismo el que acaba por inculcar una determinada ideología?
R.- Hay una retroalimentación. El urbanismo crea una manera de ver el mundo y eso es algo que queda claro en las utopías. Cuando un pensador quería promover una nueva sociedad, diseñaba una nueva ciudad con un tipo de casas diferente: todas iguales o con una jerarquía, divididas por oficio o por estamento o por tipo de familia. También es importante qué hay en el centro: un edificio religioso, defensivo o político. Hay una ideología que considera que el suelo y la vivienda son un mercado y, por tanto, deja la planificación urbana al sector privado. Así, se crean nuevos barrios segregados y homogéneos con pocos servicios públicos en los que existe una desconexión de lo público. En el centro, suele haber un espacio de consumo también privado. Como digo, es una retroalimentación.

P.- ¿Cómo ha afectado concretamente a la sociedad el impulso de este tipo de urbanismo del que hablas en el libro?
R.- Se produce una desconexión de lo público y una sobredimensión del individualismo. El modelo transmite un ‘sálvese quien pueda’. No hay servicios públicos, pero se facilita a través de políticas de zonificación o deducciones que las personas puedan escoger sus soluciones privadas. Es algo que también vemos en toda la literatura de autoayuda, que sostiene que todo depende del esfuerzo o actitud de las personas individuales sin tener en cuenta el contexto. Tú puedes. El concepto de autocuidado que se ha lanzado estos días está en el mismo espectro ideológico: busca las mejores soluciones. Respuestas individuales para problemas colectivos.

P.- ¿Qué consecuencias políticas tiene?
R.- No sólo promueve a partidos con mensajes individualistas o donde el capital prevalece sobre el trabajo, sino que hace que eso sea el sentido común. Es decir, el debate sobre subir impuestos o reforzar los servicios públicos queda arrinconado. Las palabras como productividad o eficiencia son las que ocupan el debate.


P.- En el caso concreto del sur de Madrid, ¿cómo ha afectado este giro neoliberal?

R.- Más allá de la evolución política, creo que lo importante es que se han creado nuevos barrios que están desconectados de las localidades a las que pertenecen. No sólo emocionalmente, sino físicamente, a través de carreteras o vías de ferrocarril. Hay desarrollos que son nuevas ciudades y no hay lugares de encuentro o socialización entre los grupos sociales que ocupan las distintas zonas. Ojo también a los centros de las ciudades, ya que el comercio sufre por la proliferación de centros comerciales, cercanos siempre a estos nuevos desarrollos.

P.- He leído una frase tuya que me ha llamado mucho la atención: “El territorio selecciona a su gente”…
R.- Bueno, el hecho de que tengas todas las cartas en la mano no garantiza una buena jugada. Ciudadanos tenía buenas cartas, pero optó por no jugarlas y unirse a una pareja que ya estaba hecha y, claro, sobraba. Ciudadanos era un partido que, por su propuesta y su condición de nuevo, encajaba perfectamente; incluso, a nivel generacional: bajos impuestos, regeneración, servicios público-privados y cultura no tradicionalista. Creo que no ha habido ningún partido con una implantación tan fuerte en un espacio tan concreto que haya tirado tan rápido sus votos a la basura.

P.- El PP en Madrid ¿ha impulsado ese concepto individualista o se ha aprovechado de él?
R.- El PP impulsó este concepto individualista a través de esos Programas de Actuación Urbanística y de ciertas actuaciones, como Arroyomolinos, muy cercanas al modelo estadounidense de suburbio. Sin embargo, este mismo modelo podría haber provocado su desaparición, ya que ese electorado no aceptó la corrupción y optó por una opción nueva. Es un electorado menos fiel que otras generaciones anteriores.

P.- El hecho de que un ciudadano de a pie se pueda “acomodar” socialmente en un momento y un lugar determinado ¿conlleva un riesgo evidente de que pueda modificar sus creencias, principios e ideologías hasta el punto de votar a una formación radicalmente opuesta a sus ideales originales?
R.- No lo sé. Creo que, en muchas ocasiones, lo que hay es una evolución desde una posición abstencionista o de adhesión a grupos novedosos o radicales hacia otras opciones cuando esa persona adquiere ciertos compromisos: vive en pareja, se compra una casa, tiene niños. Hay un momento en el que la política entra en tu vida y te sientes interpelado. No sé si se puede producir ese cambio tan brusco. Creo que una forma de vida basada en los servicios privados forma una visión del mundo.

P.- ¿Cuál es la conclusión final de ‘La España de las piscinas’ y qué solución propones para esta situación?
R.- La conclusión es una frase del historiador Tony Judt: una vez que dejemos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estaremos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley, el bien público por excelencia, que la fuerza. No soy capaz de dar una solución, ya que no soy urbanista, pero sí tengo claro que las administraciones tienen que estar presentes. La ciudad es nuestro espacio. No pueden desentenderse.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *