De pastoreo, cambio climático y consumo responsable

Lola Illamel
Líbere, Educación y Desarrollo

GETAFE/ 30 JUNIO 2021.- En los últimos tiempos se ha estigmatizado el consumo de carne, sobre todo de rumiantes, por su supuesto efecto invernadero. Sin embargo, esa opinión científica se está cuestionando.
Allan Savory, célebre biólogo estadounidense experto en desertificación, sostiene que el ganado gestionado imitando a las grandes manadas salvajes de hervíboros es en realidad la única alternativa para revertir la desertificación de los pastizales del mundo, segundo gran reservorio de carbono del planeta después de los océanos. Su experiencia en el intento de preservar la sabana africana es tan sobrecogedora como el mapa que muestra en su conferencia TED.
Savory propuso en los años cincuenta la eliminación de la caza tradicional en espacios que se convertirían en parques naturales, lo cual provocó una proliferación de animales salvajes, en concreto, elefantes. Convencido de que el problema de la desertificación venía de ahí, recomendó reducir su cantidad fusilando a 40.000, hasta mantener una población que se consideró sostenible para la tierra. Aquella matanza no hizo sino agravar el problema. Fue, según sus palabras, el mayor error de su vida.


Para defenderse de los predadores, los hervíboros se mueven en manadas compactas. Defecan y orinan sobre su propio alimento, por lo que tienen que moverse. Al parecer, ese movimiento es el que impide el agotamiento del suelo, mientras que los excrementos y desechos vegetales impiden la desecación y la liberación del carbono.
Savory insiste en que solo hay una alternativa: imitar a los hervíboros salvajes. Lo llama «gestión holística y pastoreo planificado». Se está aplicando en África con grandes resultados: ampliando el ganado vacuno y caprino en un 400% se han recuperado tierras que atraen de nuevo a la fauna salvaje y están incluso resolviendo el problema de la seguridad alimentaria. También afirma que, si se sigue este proceso en todos los pastizales del mundo, podría captarse suficiente carbono para revertir el cambio climático.
Este enfoque ha sido muy criticado por otro sector de la comunidad científica. Dudan de que funcione y afirman que las expectativas con respecto al carbono están sobreestimadas. Otra conocida ambientalista anglosajona, L. Hunter Lovins, sostuvo lo contrario en un artículo de The Guardian, aportando pruebas y testimonios de la eficacia del enfoque defendido por Savery. Según Lovins:

«Los pastizales del mundo son el segundo almacén natural de carbono después de los océanos, gracias a las prácticas preindustriales de pastoreo: suficientes manadas de hervíboros autóctonos, mantenidas muy agrupadas por poblaciones sanas de predadores.»


Esto me lleva a dos reflexiones: la fe ciega que depositamos en la ciencia y el erróneo desprecio hacia el saber popular. La «gestión holística» de Savory es en realidad una forma de pastoreo preindustrial practicada tradicionalmente en lugares tan nuestros como la dehesa mediterránea. Antes de que aparecieran los climatólogos con sus teorías encontradas y su método de ensayo y error —tan costoso en ocasiones (40.000 elefantes)—, el pueblo llano, con todas sus contradicciones, supo preservar espacios armónicos durante generaciones. Y habrían sido sostenibles socialmente si el caciquismo no hubiera impedido una gestión justa del fruto de esos saberes.
Así es como describe la Dehesa extremeña el escritor Gabi Martínez, autor de Un cambio de verdad:

«Las encinas se dispersan como paseantes solitarios entre un mar de lomas. Una aquí, la otra allá, se diría que sin ton ni son. Pero existe un plan. La anarquía del encinar es engañosa, un desorden fruto del control y el cuidado humano. Colosales extensiones de campo aparentemente caóticas proporcionan sombra, humus y bellotas como esas que compiten por zamparse tres ovejas y dos grullas que de pronto levantan el vuelo para sumarse a un hilo de compañeras que se estira doscientos metros en el cielo. (…) Ningún sistema natural intervenido por el hombre ha logrado tanta eficacia y equilibrio como la dehesa mediterránea. Un metro cuadrado de suelo reúne hasta sesenta especies de plantas, concentrando millones de microorganismos que disparan vida en todas direcciones».


¿Qué podemos hacer como ciudadanos y ciudadanas de a pie? Si el problema no es el ganado como tal, sino el modo en que se gestiona, hay que replantearse el consumo de carne de forma responsable, optando por productos cárnicos ecológicos, por ejemplo.
En segundo lugar, conozcamos y valoremos esos espacios nuestros y a las gentes que han sabido crearlos y conservarlos. El festival Liternatura que se celebrará en Tamurejo (Badajoz) los próximos días 25 y 26 de junio podría ser la ocasión para ir a disfrutar de uno de ellos: la maravillosa dehesa extremeña, que fue declarada en 2019 Reserva de la Biosfera.

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