César Navarro de Francisco, una vida de novela.

Ángel Prieto Prieto

GETAFE/ 30 JUNIO 2021.- César es nacido en Getafe en 1932. Médico forense, psiquiatra y médico de familia, es en la actualidad presidente de Honor de la Fundación de Getafe que lleva su nombre y, hasta hace dos años, presidente del Ateneo de Madrid, del que es socio desde que tenía 16 años.
Inmuerables son las referencias sobre su persona: un hombre polifacético, humanista, profundo conocedor del Pensamiento Krausista, cuerpo de doctrina de la Institución Libre de Enseñanza.


Culto; formado en los tres grandes principios que inspiraban el orden constitucional republicano: laicismo, libertad e igualdad.
Sabio; no le son ajenas las lenguas clásicas, el griego y el latín, que por este orden son la cuna de la cultura occidental.
Políglota; habla francés, inglés, alemán, tagalo, euskera, y recita de memoria en la lengua vernácula de Jacinto Verdaguer y Joan Maragall…
Aventurero; César ha vivido la triste aventura del exilio como niño de la guerra y otras aventuras placenteras como la de la bohemia parisina, el exótico mundo de los primeros transatlánticos, la clandestinidad, los siempre misteriosos secretos de la Transición, la diplomacia…, y en ese deambular por el mundo, ha conocido y tratado a personajes de la talla de Camús, Sartre, Max Aub, Ramón J. Sender, Marañón, Ortega, Tierno Galván, Ernesto Cardenal, Ernest Lluch… A bandidos como el Arropiero y a héroes anónimos como el Berenjena (guerrillero de ciudad), nacido en Getafe.


Bibliógrafo empedernido; César cedió al Ayuntamiento de Getafe el don más hermoso que regalarse puede: 22.000 libros que, tanto personal investigador como público en general, deseamos con anhelo que estén más pronto que tarde a disposición de todos y todas para poder disfrutar de la hermosa aventura de leer en la selecta biblioteca de César.


Escritor, conferenciante que dice con su palabra y con su pluma lo que hay que decir, si es posible con cortesía y con deferencia, pero con meridiana claridad:
“Todo ser crece y se desarrolla, tiende a la autonomía y a la libertad. Esta ley inexorable a la naturaleza rige tanto para los individuos, como para los pueblos, y la historia nos ha dado constantes y plurales ejemplos de su cumplimiento. Cuando se lee y se escribe la historia hoy, se acepta esta ley, pero cuando se viven sucesos que después son históricos, casi nunca se tiene conciencia de lo inevitable y de lo legítimos que son siempre los deseos de emancipación y libertad. Para los hombres y para los pueblos el sentimiento de identidad es el más fuerte de los que rigen su vida y su destino.” César Navarro (1997). Rizal y la crisis del 98 (Ed. Parteluz).


Viajero infatigable; a su 89 años, César sabe la importancia que tiene la vida, la ha disfrutado en cada uno de los caminos recorridos, que no han sido pocos: Holanda Inglaterra, Estados Unidos, Colombia, México, Santo Domingo, Nicaragua, Guinea…
Con todo, estos poliédricos recorridos vitales —históricos, científicos, literarios, políticos, geográficos…— no son más que una pequeña semblanza de su magna biografía que la escritora y periodista Enriqueta de la Cruz ha compilado en dos esplendidos libros, cuyos títulos no pueden ser más expresivos: César Navarro, historia y testimonio de un Francmasón: El hombre enamorado de la libertad (Ed. Silente, 2016) y Tiempos de Plomo y Ceniza: Legado Filosófico de César Navarro (Ed. Fundación César Navarro, 2020).


Y por su parte, el también periodista y escritor Víctor Olmos, autor del libro Ágora de la Libertad, Historia del Ateneo de Madrid, Tomo III (1962-2019, Ed. Ulises), escribe, largo y tendido, sobre los cinco periodos en que César fue presidente de la Docta Casa. Estas son algunas de las palabras de César en la ceremonia de inauguración de la sede actual (1984), cien años después de su fundación:
“Podemos decir con orgullo que todo, o casi todo, lo importante de la cultura de nuestro país ha tenido lugar o su reflejo en el Ateneo de Madrid. En esta tribuna (…) han hecho resonar sus voces los hombres más importantes e ilustres de nuestra historia última. Con el eco de sus voces, con el reflejo de sus actitudes, con los rasgos de sus escritos, han ido formando ese tejido sutil que es la cultura y el pensamiento (…). Y luchamos por la palabra. Y hoy tenemos la palabra (…). Tenemos la palabra para indagar en la modernidad, para replantearnos los problemas éticos y estéticos de nuestro tiempo, porque el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid no puede ser una nostalgia ni una imitación de si mismo, sino un reflejo actualizado de la sociedad de hoy. O tal vez de la de mañana. Hacia ello vamos con el fuerte impulso que viene de lejos”. Pequeña pero ilustrativa muestra de que en esta España doliente siempre ha habido personas, entre las que se encuentra César, dispuestas a solucionar los problemas con palabras en lugar de con embestidas.


Un hombre de una talla moral e intelectual poco habituales. Un republicano, maestro masón, que practica en su vida los ideales que profesa y cuya filantropía en aras de conseguir el bienestar de los y las demás —alumnos, amigas, vecinos, compatriotas, ciudadanas del mundo—­­ carece de límites.
Pocas veces a lo largo de la vida uno se encuentra con personas con tanta capacidad de conocimiento y, sobre todo, con tanta generosidad en el corazón para compartirla con los y las demás. Un honor, pues, haberlo conocido en la vida real, porque en realidad es una vida de novela.

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