La cocina del bienestar, sana, placentera y ecorresponsable

Lola Illamel
Líbere, Educación y Desarrollo

El filósofo Daniel Innerarity dice en la revista Gastronomía 360º:

En un puchero se decide dónde están los hombres y las mujeres, qué tipo de justicia social hay, se decide la globalización y la autosuficiencia, se decide la cohesión social o el individualismo, se decide el futuro del planeta, el equilibrio ecológico. Es un arma brutal.

Un arma brutal que depende de cada una de nosotras más que cualquier otro factor. ¿Sabremos utilizarla?
Probablemente debamos enfrentarnos a los preceptos neoliberales del consumismo, el expolio natural y el lujo (pero, ¿lujo para quién? ¿y hasta cuándo?). La enfermedad neoliberal va ligada a creencias —a menudo erróneas— que podrían frenar el cambio necesario.
Por ejemplo, pensamos que hay que comer carne o pescado todos los días, o que el veganismo es un extremismo. O asociamos la idea de comida sana con restricciones y la del placer con una cultura culinaria del exceso, aunque el éxtasis que nos provocan ciertos productos adictivos (grasas, azúcares) se vuelva luego una tortura o nos vaya matando más rápido de lo estrictamente necesario.
Qué curiosa dicotomía, la de oponer placer y salud. Recuerda a la rancia moral de la culpa y el sacrificio.
La cocina tradicional ha sido siempre sana, sabrosa, feminista y ecológica. Se basaba en el producto local, vegetal, en el saber milenario de las mujeres, en el consumo moderado y el aprovechamiento de todos los recursos.
La crisis climática y sanitaria actual nos incita a recuperar esos principios —y liberarnos de prejuicios absurdos— para avanzar hacia una cocina del bienestar que sea:

Ecorresponsable, sana y placentera

Comer sano y ecológico es placentero al cocinar, al degustar y al digerir. El secreto está en elegir y combinar bien los ingredientes, sustituyendo los más insalubres (grasas saturadas, lácteos, azúcares) por otros, tradicionales y naturales, con las mismas propiedades culinarias e incluso más creativos.

Integradora

Los excesos de nuestra alimentación actual provocan enfermedades metabólicas, intolerancias y deficiencias digestivas. La cocina del bienestar no segrega en la mesa a las personas, cada vez más numerosas, que sufren estos problemas. Los ingredientes existen y son fáciles de encontrar y utilizar.

Popular y feminista

La cocina del bienestar ha de ser factible todos los días y permitirnos compatibilizar el placer de la mesa con todas nuestras actividades. Son recetas sencillas con el mínimo de organización que todas las mujeres hemos desarrollado, generación tras generación, en las tareas esenciales de cuidado. Lo espectacular, es cocinar todos los días varias veces, y hacerlo bien.

Pro-vegetariana, creativa y del producto

Las dietas tradicionales (como la mediterránea) son cuasi vegetarianas, salvo en regiones en las que las condiciones de la tierra no lo permiten. Incluso en estas últimas, los animales son respetados y «no se tira nada». Ideologías aparte, es necesario reducir la presión que las industrias cárnicas y pesqueras actuales están ejerciendo sobre el cambio climático.
¿Es posible este milagro? Siempre lo fue… para volver a él, contamos en Getafe con el supermercado cooperativo Biolíbere. En él se encuentran todos los productos necesarios para la cocina del bienestar, y en su blog, https://biolibere.es/blog/, recetas para ir probando.

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