¿Quién paga la pandemia?

Durante el confinamiento todo el mundo ha solicitado ayudas al Estado para sobrevivir a la situación, ahora toca decidir como pagamos la deuda generada.

GETAFE/09 MAYO 2021/. En estos momentos que la luz comienza a verse al final del túnel, justo en el momento de iniciar lo que muchos expertos ya denominan los “felices años veinte” del siglo XXI; nos encontramos con el debate decisivo sobre quién va a pagar el enorme endeudamiento que el coronavirus ha dejado en nuestras arcas públicas.

Este endeudamiento ha sido aceptado por todas y todos de manera implícita y explícita, ningún sector empresarial, ningún trabajador, ningún partido político ha tenido ninguna duda que las ayudas económicas destinadas a “rescatar” a los ciudadanos eran fundamentales para mantener el sistema mientras hemos estado encerrados en nuestras casas.

Ahora existen dos opciones, o seguir recortando gasto público, modelo que proponen las diferentes derechas españolas y ya ejecutaron tras la crisis económica de 2007; y que según la propia Unión Europea ha explicado dejó debilitados nuestros servicios públicos frente a la pandemia, no solo en cuestiones básicas como la salud y la educación, también en servicios básicos como la seguridad social para gestionar los ERTEs o el ingreso mínimo vital.

O pagarlo con un incremento de la recaudación fiscal, en un país que tiene una presión fiscal siete puntos menor que la media europea; aquí también existen dos opciones o lo pagamos con impuestos indirectos llamase IVA, peajes, tasas, etc. que afectan por igual a toda la población sea cual sea su renta, o seguimos el modelo Biden que pretende eliminar beneficios fiscales a las grandes fortunas, incrementar el tipo impositivo a las rentas altas, dedicar más recursos a la agencia antifraude o lograr una armonización fiscal mundial para acabar con los paraísos fiscales.

En Madrid hemos elegido seguir recortando gasto público, por tanto continuará reduciéndose la inversión en atención primaria y cerrando camas en los hospitales, crecerán las listas de espera, se eliminarán aulas en la educación pública aumentando ratios y por tanto aumentará la desigualdad en la región.

Tras los “felices años veinte” del siglo pasado, llegó el crack del 29 y con ella la trágica década de los años 30 que dió lugar a la segunda guerra mundial, tuvo que suceder todo esto para que los gobiernos llegaran a comprender que no existía otra posibilidad que fueran quienes más tenían quienes pagarán la reconstrucción de los países con impuestos de hasta el 90% en el periodo comprendido entre 1945 y 1964. Esperemos que en esta ocasión no tengamos que volver a sufrir tanto.

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