Parques y árboles urbanos de Getafe tras la borrasca Filomena

El desafío para el futuro es conseguir unas arboledas urbanas resilientes y que al mismo tiempo cumplan con las funciones de reducción de la isla de calor y de la contaminación, actúen de sumidero de carbono, alberguen biodiversidad y sean espacios para la convivencia de los ciudadanos.

GETAFE/20 FEBRERO 2021/. La nevada ocasionada por la borrasca Filomena entre los días 8 y 9 de enero se puede considerar histórica, con una acumulación de hasta 50 cm de nieve en numerosas zonas del centro peninsular. La ola de frío que siguió a la nevada durante una semana dejó valores por debajo de -10 ºC en numerosos puntos del centro de España.

No se conocen episodios de este tipo en esta zona desde hace más de un siglo, en concreto desde noviembre de 1904. Ambas nevadas fueron debidas a la confluencia de una borrasca procedente del suroeste, con aire cargado de humedad, y una masa de aire frío de origen polar que se había instalado en la península en los días previos. Aunque a lo largo del siglo XX ha habido unas 10 grandes nevadas en Madrid, ninguna ha alcanzado los niveles de las dos mencionadas.

El episodio climático de este año se suma a otros fenómenos adversos que se vienen sucediendo en las últimas décadas. El año 2020 ha igualado al 2016 como el año más cálido desde que existen registros y parece que el 2021 va a ser también un año muy caluroso. Esta tendencia general de calentamiento se ha visto jalonada por diferentes fenómenos climáticos extremos, como olas de calor o sequías.

Efectos de la nevada en los pinos piñoneros del Parque de la Alhóndiga

Los modelos de cambio climático prevén tanto el incremento de las temperaturas como la mayor frecuencia de eventos extremos. El aumento de la aridez del clima causará una mayor incidencia de las plagas. Con especies debilitadas, fenómenos como el de esta gran nevada pueden suponer una verdadera catástrofe para nuestras arboledas.

Esta parece haber sido la causa de la gran incidencia de la nevada en el parque forestal más grande de Getafe, el Cerro de los Ángeles. Aquí se conoce la existencia de una plaga de insectos perforadores desde 2006, que ha ido secando una gran cantidad de pinos y debilitando otros. Por esta razón, el peso de la nieve ha ocasionado la rotura de ramas de numerosos pinos, así como el derrumbe de otros. Los daños también han sido cuantiosos en el parque de la Alhóndiga, que igualmente tenía una gran cantidad de pinos afectados por la plaga de insectos perforadores.

Pinar de pino carrasco del Cerro de los Ángeles. Los árboles de la periferia del monte son más vigorosos al recibir más luz. En el interior, la gran densidad del monte hace que los pinos estén muy debilitados y muchos han sido atacados por insectos perforadores. Las sequías de los últimos años también han podido contribuir a la susceptibilidad a la plaga. Hay numerosos árboles debilitados y muchos derrumbados por el viento tras haber muerto por la plaga.

Los árboles que han sido más castigados por el peso de la nieve han sido los de hoja perenne, sobre todo pinos y aligustres. Una de las zonas de Getafe donde más pinos se han visto afectados es el Sector 3. Se da la circunstancia de que buena parte de los pinos de este barrio habían sido fuertemente podados, reduciendo apreciablemente su copa. Esta poda tan exagerada resulta incomprensible dada la importancia de los árboles urbanos, por ejemplo, en la reducción de la contaminación o la disminución de la temperatura y los efectos negativos de las radiaciones ultravioletas en verano. Más aún, cuando el único motivo que se aduce es que los árboles causan problemas a los vecinos, como la caída de ramas o de hojas. En cualquier caso, tras la poda el peso de la nieve ha tronchado numerosas ramas de estos pinos, muchos de los cuales se han quedado con una copa raquítica.

Pinos piñoneros afectados por la nevada en el barrio del Sector 3 de Getafe. Ambos habían sido podados una semanas antes, reduciéndose considerablemente su copa. El de la derecha, después de ser saneado de los daños causados por la nevada, se ha quedado con una copa raquítica

Conforme se ha ido derritiendo la nieve se han empezado a valorar los daños. Los números son verdaderamente abrumadores. El ayuntamiento de Madrid ha retirado miles de toneladas de restos de árboles de sus parques y jardines. Entre un 60 y un 70% del arbolado de Parques Históricos como el del Retiro, se han visto afectados. Respecto a las calles, cerca del 20 % de sus árboles han sido dañados por la nieve.

Las consecuencias para el arbolado de Getafe también han sido de gran envergadura.

Aún no se tiene una cifra oficial sobre el porcentaje de árboles dañados en los parques, aunque es muy probable que los datos sean similares a los de la capital. En cuanto a los árboles de los barrios, se ha calculado que puede haber unos 5000 afectados. Los trabajos de retirada de ramas caídas y de podas de saneamiento supondrán un gasto de más de un millón de euros.

Destrozos causados por la nevada en el pinar del Cerro de los Ángeles

Esta masacre en el arbolado ha traído consigo un problema añadido: la difícil gestión de una cantidad tan inusual de restos vegetales. Solo en Madrid capital se han recogido miles de toneladas de ramas y árboles caídos, qué serán convertidos en mantillo y compost en las Plantas de Migas Calientes y Valdemingómez.

La planta de compostaje de Villanueva de la Cañada, que da servicio a los municipios de la mancomunidad del sur de Madrid, incluido Getafe, también presenta estos días una gran actividad. Esta planta tiene una capacidad para 30.000 toneladas de residuos. El año pasado se recibieron unas 18.000 toneladas de restos vegetales. Sin duda, este año se superan estas cifras. El tratamiento de estos restos, mezclados con lodos de depuradora, permite fabricar un abono orgánico de gran calidad.

Es muy importante que está inmensa cantidad de materia orgánica no acabe la atmósfera, convertida en CO2. La posibilidad de que vuelva al suelo y ayude a crear nueva vida es fundamental. De la misma forma que las zonas verdes urbanas deben ser un reservorio importante de carbono, también lo deben ser sus suelos.

Gran acumulación de restos vegetales de las limpiezas y podas de los árboles dañados por la nevada, localizada en el parque de la Alhóndiga.

La pérdida de biomasa vegetal tendrá distintas consecuencias a corto y medio plazo. La primera de ellas será la menor mitigación del calor que se espera para el próximo verano. La reducción de la sombra no solo afectará a los viandantes sino también al gasto en aire acondicionado en numerosos edificios.

El ingente trabajo para eliminar los restos vegetales y sanear los árboles no se puede hacer de la noche a la mañana, lo que significa que las acumulaciones de ramas y troncos pueden ser focos de incendios o plagas mientras estén en los parques. En Getafe se ha estimado en 4 meses la limpieza de los grandes parques.

Muchos árboles quedarán muy debilitados al haber perdido parte de su copa y esto les hace más susceptibles a plagas, enfermedades y nuevos eventos climáticos extremos. Las heridas causadas en el saneo de los árboles también pueden ser foco de entrada de patógenos. No obstante, se da la paradoja de que los grandes fríos posteriores a la nevada pueden haber eliminado poblaciones de insectos que causan plagas y que no están acostumbrados a estas bajas temperaturas. Sin embargo, los hongos aún seguirán allí, ya que son más resistentes al frío.

Los expertos coinciden en que la mayor parte de los árboles dañados se recuperarán en pocos años. Los árboles perdidos deberán ser repuestos, pero en la mayoría de los municipios del entorno madrileño no será posible hasta la próxima estación, dada la gran cantidad de trabajo que tienen ahora mismo las plantillas de jardinería. En un mes aproximadamente llega la primavera, época en la que no se recomienda plantar.

Los eventos extremos como esta nevada se seguirán produciendo y pueden causar estragos en parques y jardines en el futuro. Instituciones públicas, asociaciones ecologistas y asociaciones de profesionales debaten sobre cómo debe ser la gestión del arbolado urbano en este nuevocontexto. Varios puntos resultan claves en esta gestión: selección adecuada las especies y adecuación a cada zona urbana, prácticas adecuadas de implantación y labores de mantenimiento que conserven la vitalidad de los árboles.

El desafío para el futuro es conseguir unas arboledas urbanas resilientes y que al mismo tiempo cumplan con las funciones de reducción de la isla de calor y de la contaminación, actúen de sumidero de carbono, alberguen biodiversidad y sean espacios para la convivencia de los ciudadanos.

Fernando Pardo Navarro

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