ECOLOGISMO/ Árboles en la ciudad

Fernando Pardo

Los árboles articulan la trama verde urbana, dándole continuidad y entidad, y contribuyendo de manera predominante a los beneficios verdes, como la reducción de la contaminación atmosférica y sonora, lo que supone una mejora de la salud de las personas.
Los árboles nos conectan física y emocionalmente con la naturaleza, con la cual hemos convivido la mayor parte de nuestra historia evolutiva. Los espacios verdes arbolados invitan a la realización de actividades al aire libre, a la movilidad sostenible y al contacto social, lo cual también contribuye a la mejora de la salud.
Los árboles igualmente favorecen la biodiversidad urbana, ayudando a que se mantengan los flujos y procesos ecológicos y sirviendo de hábitat a numerosas especies de aves, mamíferos e insectos.
Como factor vertebrador del verde urbano, los árboles aparecen en calles, medianas, bulevares, plazas, pequeños jardines, parques de distintos tamaños, corredores verdes, etc. Pero las ciudades no siempre ofrecen el mejor ambiente para los árboles: calles estrechas, sombras producidas por edificios, contaminación del aire, altas temperaturas, escaso volumen de suelo, bajos niveles de oxígeno en suelos compactados, etc. Parques y jardines ofrecen condiciones menos duras que calles y plazas.
En este ambiente hostil hay que contar en primer lugar con las especies mejor adaptadas al clima de cada lugar, es decir, con las autóctonas. También se pueden utilizar especies de otras regiones con climas similares al nuestro. Los árboles característicos de nuestro clima son los de hoja perenne y dura, como las encinas y algunos tipos de pinos. Las especies de hoja caduca son más propias de latitudes septentrionales, con climas menos áridos. Aunque a veces se prefieran, por dejar pasar más luz en invierno, no todas las caducifolias están bien adaptadas a las zonas urbanas con gran cantidad de pavimentos y edificios.
Pero para que los árboles cumplan su misión ambiental y social hay que tratar de conseguir su presencia continua en la ciudad, siempre que no interfieran con propiedades e infraestructuras. Dentro del conjunto de especies existentes habrá que elegir para cada zona urbana las adecuadas en tamaño y en exigencias de clima y suelo. Debemos llenar las calles de árboles y no podemos permitirnos tener parques con pocos árboles y, siempre que sea posible, se debe dejar que cada especie se desarrolle plenamente de acuerdo a su porte natural. Amplias copas formando un dosel continuo serán capaces de luchar mejor contra la contaminación, reducirán más las altas temperaturas estivales, ofrecerán más hábitats para la fauna y crearán un ambiente más acogedor para el contacto social.

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