¡Peligro, podas!

Fernando Pardo

Los árboles son el armazón de las zonas verdes urbanas. De su salud y vitalidad depende la calidad de los espacios verdes. Se les debe cuidar al máximo, desde que son plantados hasta que se vuelven adultos y ofrecen sus máximos beneficios. Cuando se les mutila brutalmente con podas irracionales se les debilita, se les acorta la vida o simplemente se les mata. Numerosos vecinos y vecinas nos hemos quejado de las podas salvajes que se practican en Getafe desde hace años. Parece que es un mal sin solución, por más que avance la técnica de la arboricultura, que considera estas prácticas como nefastas y anacrónicas.
Pero, ¿por qué se poda? La teoría dice que se poda para mantener la forma natural del árbol o para evitar daños a personas e infraestructuras. No parece que se cumpla el primer objetivo cuando las podas transforman a los árboles urbanos en verdaderos alienígenas (“engendrados en otras tierras”), irreconocibles respecto a sus hermanos salvajes. El segundo objetivo puede resolverse poniendo árboles adecuados al espacio del que van a disponer en cada zona o debilitando menos a los árboles con las podas.
Ahora que se acerca el invierno y empieza la temporada de poda sería deseable no volver a ver esas siluetas de árboles mutilados y con muñones en vez de ramas. No se deberían ver otra vez en primavera árboles que fueron incapaces de brotar porque se les agotaron las reservas, después de tanta brutal poda. Estos árboles serán talados y en su lugar se pondrán otros nuevos, ¿les volverá a ocurrir lo mismo?

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