ENTREVISTA/ Paco Serrano: “La Memoria Histórica sin apoyo de las instituciones democráticas no tendría validez”

Entrevista a Paco Serrano, vecino de Getafe y miembro de la Mesa de Memoria Democrática del Ayuntamiento de Getafe.

Rosa Belén Iniesta

¿Qué conceptualización podemos dar a la memoria histórica? ¿Qué ha supuesto a lo largo de tu vida?

La memoria histórica trata de hacer justicia con la gente que ha sido imprescindible para que en este momento se pueda disfrutar de cualquier tipo de libertad, avance y calidad de vida. No hay ningún derecho, por muy pequeño que sea, que se esté disfrutando ahora y que no tenga que ver con el esfuerzo, generosidad y durísima lucha que llevaron generaciones anteriores en nombre de la libertad y de la democracia.

La memoria histórica para mí ha supuesto mucho más de la mitad de mi vida, que ha estado dedicada a intentar defenderme del franquismo. En este momento, pienso que la pelea ha sido cuestión de defensa propia. Era un damnificado. Mi padre era metalúrgico, vivía en un barrio madrileño obrero en San Fermín, fue perdedor de la Guerra Civil y estuvo en la cárcel, por lo que estaba señalado dentro de mi barrio. Entonces era muy fácil tener conciencia de clase y prácticamente imprescindible saber defenderte para poder avanzar. Todo el ambiente que me rodeaba me llevaba a rebelarme contra esa situación. La lucha, experiencia, la necesidad de conocer y la curiosidad te llevan a intentar darle a eso un soporte ideológico, intelectual y con una base científica y cultural lo más sólida hasta la conciencia de clase. Considero que sigue habiendo una ofensiva de las mismas fuerzas que sustentaban el franquismo en su momento y ahora lo están intentando reflejar contra las clases populares. Se podría decir que estamos en la misma lucha en el 2020 que estábamos en 1967.

¿Cuál ha sido para ti el hecho más traumático durante el franquismo?

En mi trayectoria personal, comparando con otros compañeros, he tenido mucha suerte a pesar de que pasé una vez por la cárcel y dos veces por la Dirección General de Seguridad (DGS), un organismo autónomo español independiente del Ministerio de Gobernación que tenía un papel de control del orden público durante el franquismo. El momento que me dio una dimensión más clara de la bestia a la que nos estábamos enfrentando fue la muerte de Pedro Patiño, sindicalista de Getafe que fue asesinado por la espalda en 1971 mientras repartía propaganda durante una huelga general de la construcción en la que se reivindicaban 40 horas de jornada laboral y 400 pesetas de salario. Lo que estábamos defendiendo y arriesgando era sencillamente por el bienestar de la clase trabajadora.

¿Qué hechos personales forman parte de tu memoria histórica?

 Es difícil, en tan larga trayectoria vital, señalar hitos concretos, pero por dar alguna referencia, quizá la primera y de la más importante que yo valoro fue mi participación en la primera huelga de Barreiros Diesel en 1967. Había entrado en la empresa en 1965, era una fábrica muy difícil de movilizar, ya en esa época se dieron movilizaciones importantes en otras industrias de la zona, como Marconi, Standard de Villaverde y otras, pero Barreiros no se movía. Todos los intentos se saldaron con despidos y represión, sus altos salarios, que eran en realidad resultado de largas jornadas de trabajo (de 12 y hasta 16 horas diarias) y mucha gente en contratos temporales, decían que podría ser las razones de ese inmovilismo. Hubo una jornada de lucha convocada por CCOO (hubo dos más ese año, en enero y octubre) resultó ser una de las más importantes con miles de participantes, con marchas que arrancaban desde las fábricas hasta la Plaza de Atocha. La intervención de la policía fue muy dura, hubo bastantes detenciones, dos de los detenidos de Barreiros, uno era enlace sindical de la empresa. Se intentó parar las cadenas por la mañana, no se pudo, y a la salida del turno de mañana y la entrada del de tarde, espontáneamente surgió la idea de los más atrevidos de bloquear la entrada y provocar un encierro hasta la puesta en libertad de los dos compañeros y su reintegro en sus puestos de trabajo. Eso proclamábamos. El turno entrante se quedó fuera de las naves, la concentración de la plantilla en los patios, el encierro llego a 10.000 trabajadores, muchos de los turnos de descanso al enterarse de la situación se incorporaron también. La masa de trabajadores encerrados en el recinto, pero visibles, provocó que la noticia corriera como mancha de aceite a la calle, a otras fábricas. Cientos de personas se acercaron para verlo, familiares, vecinos de los barrios colindantes y de todo Madrid, llevando comida, café, y ofreciendo toda la solidaridad, cartones de tabaco recuerdo… Y entre todas esas muestras de entregas acompañadas de notas con saludos de las Comisiones Obreras de las empresas más importantes de Madrid, también una entrega muy celebrada, una gran tortilla de patatas con un saludo de Mundo Obrero y del Partido Comunista de Villaverde, de esa recogida fui testigo directo.

Éramos muchos jóvenes en la plantilla de Barreiros en esa época, lógicamente con una participación de lo más atrevida y entusiasta. Se aguantó todo el día. Durante ese tiempo la fábrica estaba rodeada por muchos furgones de la policía armada, los grises los llamábamos, también y separados de la Guardia Civil, no intervenían por la muchedumbre que se agolpaba en rededor de las tapias. Ya de casi madrugada, cuando la gente que apoyaban regresó a sus casas, entró la policía armada a porrazo limpio y después de un enfrentamiento tirándoles todo lo que había a mano, ellos disparando botes de humo, nos acorralaron a los resistentes en una nave. La asfixia provocó nuestro desalojo. Nos hicieron pasar por un pasillo de dos filas paralelas que formaron, descargando porrazos a nuestro paso. Los más jóvenes corríamos más, recibíamos menos, hubo varias cabezas abiertas y espaldas destrozadas. Ese fue mi bautismo en la lucha obrera y antifranquista. Situándose en el momento, creo que es cuando tomo conciencia de la resistencia de la organización, que su recorrido venía de largo, de su importancia, y de la necesidad de formar parte de ella. La valoro como la herramienta más útil y necesaria para la defensa de mis derechos personales y los de la clase a la que pertenezco: La Clase Trabajadora.

Era el primer compromiso importante de lucha por la liquidación del franquismo, la conquista de una sociedad libre, con derechos y de democracia plena. A decir verdad, lucha que nos resultó ser más larga y mucho más difícil de lo esperado. La integración en la UJCE se da inmediatamente, se da a través de un miembro del PCE de mi barrio, San Fermín, que tras una conversación y por referencias me invita a una primera reunión, tras ella, las primeras actividades: repartos de propaganda, pintadas reclamando ‘Libertad’ en las fachadas de más paso… Hay que decir que su permanencia a la vista de la gente duraban poco, una brigada, en el barrio era de confidentes del cuartelillo de la Guardia Civil, proveniente del lumpen delincuente, las borraban lo más rápidamente posible.

Mirado con la perspectiva del tiempo, a veces me sorprendo del arrojo de aquel activismo, el romanticismo revolucionario en el lenguaje de entonces, nos llevaba no medir debidamente el riesgo al que nos enfrentábamos. La vigilancia, en este caso de la Guardia Civil, era constante, directa, y a través de confidentes. Un ejemplo de esto. En julio de 1970 hubo una importante huelga de la construcción, después se celebró en la capital una manifestación, participaron 2000 trabajadores. La policía abrió fuego contra los manifestantes matando a tres personas. En la organización del PCE había una presencia importante de trabajadores de la construcción, de hecho el militante más significado era José María Rojano dirigente de CCOO de ese ramo, detenido varias veces, torturado, hacía poco que la Guardia Civil del cuartelillo del barrio habían ido a detenerle a su casa, le golpearon duro durante una noche, le amenazaron que si le volvían a coger en alguna pintada o reparto de propaganda, le dispararían a matar, que no le iban a dejar vivir tranquilo, consecuencia de ello la familia, decidió que él se fuera casa, que desapareciera del barrio. Posteriormente se cambiaron toda la familia, concretamente a Getafe. Esto era de alguna manera un aviso a toda la organización del barrio.

Las muertes en Granada, y la situación de Rojano, la indignación la rabia que nos provocaban los dos casos, llevó a decidir realizar una pintada por todo el barrio, contestando a las amenazas a José María y la muerte de los trabajadores de Granada. Tres de los que salimos a pintar decidimos hacerlo en la pared del cuartelillo denunciando el triple asesinato. Todo a escasa distancia de un guardia de centinela en la puerta principal. Yo participé estando en el servicio militar, las consecuencias, tanto si hubieran disparado, o nos hubieran cogido, hubieran sido trágicamente desastrosas.

¿Cómo sufriste la represión y las detenciones como miembro sindicalista?

Lo cierto es que he tenido mucha suerte en mi militancia clandestina con la represión. Fui dos veces detenido, la primera ya muerto Franco, en enero de 1976, con el Gobierno de Arias- Fraga. Era miembro de la dirección del PCE en Madrid como responsable del Comité de las Grandes Fábricas, que agrupaba Estándar Eléctrica, Marconi y Citesa del grupo ITT, Barreiros y Pegaso de automoción. Se habían convocado paros, asambleas y una gran manifestación contra el Gobierno Arias-Fraga.

La noche antes de estas acciones se presentaron en casa tres miembros de la Brigada Político Social acompañados de un vecino del bloque como testigo, registraron la casa de arriba a abajo, hasta la cuna de uno de mis dos hijos, me esposaron y me condujeron a la Dirección General de Seguridad. En el registro mi compañera ya les montó un pollo importante despertando y levantando a todo el vecindario, justo lo contrario que perseguían al ir de madrugada a los domicilios en las detenciones. En la dirección ya nos vimos y cruzamos al subir a los interrogatorios comprendiendo que era una redada; luego en las Salesas, en los juzgados, lo confirmamosFuimos detenidos en nuestro domicilio: Fidel Alonso y Rosa Roldan de CASA, Manuel Alarcón de Siemens, Bautista Pérez Kelvinator, Adolfo Piñedo de Estándar, Manuel Valbuena Estándar, Ángel Fernández Lupion de Pegaso… creo que no olvido a nadie. Todos eran dirigentes metalúrgicos de CCOO y miembros del Jurado en su fábrica, que llamaban entonces. Dirigentes y miembros del PCE también. Ya en las Salesas apareció también Críspulo Nieto, con los pies y las manos completamente negros de los golpes con mosquetón que le propinó la Guardia Civil en la manifestación de Getafe, y Eliodoro de Kelvinator, que fue detenido en la misma manifestación y también venía castigado.A ninguno nos pusieron la mano encima en la DGS; el clima por nuestra parte era hasta de cierta arrogancia con los interrogadores. Las noticias que nos llegaban ya en el juzgado eran de una participación, sobre todo en Getafe, con masivas manifestaciones. CASA paró la fábrica, asambleas y paros parciales en general en las demás fábricas… en este clima el nuestro no era de derrota precisamente. A todos (no recuerdo si alguno se salvó) nos pusieron un mes de cárcel o 100.000 pts. de multa. A una parte se nos pagó la multa por colectas; en mi caso fue artes gráficas, trabajaba entonces en la editorial Seix Barral. Estuve 10 ó 12 días en la cárcel de Carabanchel.La segunda detención fue en abril-mayo del mismo año, al llegar al trabajo por la mañana, aparcando el coche. Esa vez me encañonaron con la pistola, me hicieron bajar del coche y me condujeron a la DGS; me bajaron a los calabozos, donde estuve hasta bien entrada la noche, que me subieron a interrogar. Desde el primer momento se ocupó Roberto Conesa. Me recibió muy amablemente, se disculpó por no haberme atendido la vez anterior (lo cuento tal cual), me ofreció cena, café… le dije que no, como era preceptivo, por si nos echaban alguna sustancia; al tabaco que sí, me dio medio cigarrillo Chester largo, que fumaba en boquilla. Me contó su vida, la que conocemos hoy, de confidente, que llegó a penetrar el partido en Francia, provocando muchas detenciones. Me saco dos fotos mías: una con Pilar Bravo, destacada dirigente nacional; otra, en la que puso más interés, con Gregorio Morán, el periodista y escritor, que paradojas de la vida, poco tiempo después (1977-78) escribiría la serie en Diario16 “Súper Agente Conesa”. Por entonces, Gregorio era el responsable del aparato central de propaganda. Yo no tenía ni idea del domicilio de Gregorio, ni del aparato, yo no era un hilo que llevara a sitio alguno. Luego me enseñaron fotos de dos camaradas más que me llevaban a la misma conclusión. Me interrogó en varias sesiones varias veces, siempre él solo, con mi medio cigarro, la misma amabilidad. Ya hay un momento que rompo el clímax y le exijo que me suelte o me lleve ante el juez. Apuraron el cumplimiento de las 72 horas y me dieron largas. Acababa de compartir el tiempo con uno de los tipos más despreciables y repulsivos del aparato represivo franquista. En ese momento Conesa era mano derecha de Fraga para el más fiel y estricto cumplimiento de su famosa consigna «La calle es mía”. De esta experiencia y a título de enseñanza histórica: durante los largos monólogos que Conesa me dirigía repetía con insistencia que la democracia por llegar, la que los comunistas queríamos abortar con nuestras alteraciones de orden público y nuestros sabotajes, vendría sin duda de la mano del Gobierno de entonces con el rey a la cabeza. Él seguiría siendo jefe policial, y su trabajo, como hasta ahora, imprescindible. Puedes imaginarte el descreimiento por mi parte de ese relato, pero lo cierto fue que el Gobierno de Fraga le ascendió. Martín Villa en el gobierno siguiente, le condecoró como a Billy el Niño. Esta ignominioso rémora la arrastramos hasta ahora como una de las limitaciones en la calidad y fortaleza de la democracia actual, de ahí la importancia de trabajar la Memoria Histórica Democrática y la necesidad de su nueva legislación. Aunque tarde, demasiado tarde.No siempre hubo el mismo comportamiento en la misma época. Días antes que a mí, el 17 de abril, detuvieron a varios miembros de la dirección de la Unión de Juventudes Comunistas: Elia Martínez, José Dupla, de Madrid, Domenec Martínez, catalán delPSUC y otros que no recuerdo. El trato fue brutal. Elia estaba embarazada y terminó abortando. A José Dupla, su marido, le golpearon los pies provocándole heridas y pérdida de uñas. A Domenec Martínez le aplicaron la Ley Antiterrorista y pasó ocho interminables y terribles días en la DGS. No mediaba el interés de averiguar algo; fue un acto para demostrar que estaban ahí, que tenían poder, que podían golpear cuando quisieran, con la brutalidad, la crueldad y la impunidad de siempre.En Getafe hay muchísima gente que ha pasado por la cárcel y ha sido duramente torturada. Todavía hay gente viva como Victoriano Poveda, de Construcciones Aeronáuticas, que en un interrogatorio, mientras le estaban torturando, se rompió la cabeza contra un radiador porque no quería hablar. Sin esos sacrificios sería imposible entender la libertad sindical y el tener naturalizado que la clase obrera se puede organizar y que tenemos derecho a la huelga. Vecinos como Bautista Pérez, Manuel Alarcón y Felipe Martín son el contenedor vivo de la Memoria Histórica en Getafe desde los primeros años 60. ¿Qué opina sobre la nueva proposición de Ley de Memoria Histórica y Democrática que se está promoviendo desde el Congreso de los Diputados?Es un avance muy importante. Se echa en falta que haya una mención más explícita a la legalidad del Gobierno de la República. Es importante que el Estado sea el que pague y favorezca el que se pueda desenterrar, que haya un registro de damnificados y se pueda reclamar, se decida disolver la Asociación franquista y declararla ilegal, además de disolver el patronato del Valle de los Caídos para que pase al Patrimonio Nacional. También que las cosas se puedan discutir democráticamente, a través de un acuerdo al que podamos llegar todas las fuerzas democráticas.¿Quiénes forman parte de la mesa de trabajo de la Memoria Democrática de Getafe?La comisión se constituye por partidos políticos como PSOE, Más Madrid Compromiso con Getafe y Podemos, y entidades como la Universidad Carlos III de Madrid, representada por un profesor del claustro y una representación estudiantil. Además del Ayuntamiento de Getafe, la Asociación de Memoria Histórica de Getafe y la Asociación del Museo de Getafe. Hasta ahora el tema de la memoria ha sido el voluntarismo que hayan podido tener diferentes asociaciones o grupos de vecinos. Se demuestra que hay una voluntad cierta por parte del Ayuntamiento como institución, de implicarse en un trabajo de la memoria histórica. Pero la memoria histórica sin institucionalizar, sin darle la apoyatura y la cobertura de las instituciones democráticas, no tendría mucha validez. Lo que le da también más empaque, prestigio, proyección y una base científica necesaria es la participación de la Universidad Carlos III de Madrid.


¿Cuál ha sido para ti el hecho más traumático durante el franquismo?
Quizá por ser en la primera época de mi militancia, el momento que me dio una dimensión más clara de la bestia a la que nos estábamos enfrentando fue el asesinato de Pedro Patiño en 1971, por un tiro de la Guardia Civil en la espalda mientras repartía propaganda reclamando mejoras salariales, en la que se reivindicaban 40 horas semanales de jornada laboral y 400 pesetas de salario. Sin el valor de Dolores, su compañera, no hubiéramos conocido que lo asesinaron por la espalda. Se le hubiera enterrado a escondidas. Hubo una intervención durísima a culatazos de los fusiles por parte de la Guardia Civil contra los y las asistentes, pero se le pudo homenajear, despedirle. No fue a hurtadillas, en secreto, como pretendían. Lo que estábamos defendiendo y arriesgando era sencillamente por el bienestar de la clase trabajadora.
¿Qué hecho personal forma parte de tu Memoria Histórica?
Es difícil, en tan larga trayectoria vital, señalar hitos concretos, pero la más importante que yo valoro fue mi participación en la primera huelga de Barreiros Diésel en 1967. Había entrado en la empresa en 1965. Ya en esa época se dieron movilizaciones importantes en otras industrias de la zona como Marconi, Standard Eléctrica de Villaverde y otras, pero Barreiros no se movía. Hubo una jornada de lucha convocada por CCOO que resultó ser una de las más importantes con miles de participantes, con marchas que arrancaban desde las fábricas y terminaban en Atocha.
La intervención de la policía fue muy dura, hubo bastantes detenciones, dos de Barreiros, una de ellas enlace sindical. Espontáneamente, a la salida del turno de mañana, se provocó un encierro exigiendo la libertad de las y los detenidos. El encierro llegó a 10.000 trabajadores y trabajadoras de la plantilla, provocó muestras de solidaridad de otras fábrica de Villaverde. Ya de casi madrugada entró la policía,nos acorralaron en una de las naves, entraron a porrazo limpio, nos resistimos tirando todo lo que teníamos a mano, dispararon botes de humo… El miedo a la asfixia provocó el desalojo. Nos hicieron pasar por un pasillo de dos filas paralelas que formaron, descargando porrazos a nuestro paso. Hubo varias cabezas abiertas y espaldas destrozadas.
Ese fue mi bautismo en la lucha obrera y antifranquista. Es cuando tomo clara conciencia de la existencia de una resistencia organizada, que su recorrido venía de lejos, de su importancia y la necesidad de formar parte de ella. La valoro como la herramienta más útil y necesaria para la defensa de mis derechos, personales y de todos los trabajadores y trabajadoras.
Mirado con las perspectivas del tiempo, a veces me sorprende el arrojo de aquel activismo, el romanticismo revolucionario en el lenguaje de entonces, nos llevaba a no medir debidamente el riesgo al que nos enfrentábamos.
En mi barrio San Fermín del distrito de Villaverde, estábamos continuamente sometidos a la vigilancia de la Guardia Civil, directamente desde el cuartel y a través de confidentes. La actividad que desplegamos provocó cinco detenciones en 1969, tres jóvenes chicos y dos chicas, hermanas. Una de ellas, en esa época, mi novia. Hoy, mi compañera, la madre de mis cuatro hijos y de mi hija.
En febrero habían decretado el Estado de Excepción, habían asesinado a Enrique Ruano. En ese clima se produjo la detención en una acción contra el Festival de Eurovisión: tiraron contra la fachada del Congreso de los Deportes de la Castellana botellas de tinta roja. Había que llamar la atención internacional, sin democracia no podía celebrarse el Festival en España. Las inmediaciones del palacio estaban repletas de policías secretas. La noche antes habían detenido a una camarada que tenía la cita en una nota, ahí los cogieron con las peligrosas botellas de tinta. Se habían fabricado en la fábrica donde trabajaba Estefanía, mi compañera.
El paso por la detención en la Dirección General de Seguridad fue terrible. Utilizaron su más amplio catálogo de malos tratos, de tortura con todos, con las mujeres sadismo especial, el trato más soez, el más repulsivo, el más humillante. Les ofendía que se atrevieran a ser dignas, luchadoras, valientes. Había que hacerlas ver que en manos de ellos no eran nada, que su existencia dependía solo de su voluntad. Los cuatro días más negros que se pueda imaginar. Les aplicaron el decreto de bandidaje y terrorismo por la jurisdicción militar. El paso de ellos durante unos meses a la cárcel de Carabanchel, ellas igual en la cárcel de Ventas, supuso para todas un alivio. Ellas y ellos salieron, siguieron luchando, no les doblegaron. En Villaverde éramos una organización de más de 50 jóvenes. Ninguna declaración, la policía no consiguió más nombres para detener, la lucha del grupo tampoco se detuvo.

¿Cómo sufriste la represión? ¿Tuviste alguna detención?
Tuve mucha suerte en mi militancia con la represión. Fui dos veces detenido, la primera ya muerto Franco, en enero de 1976, con el Gobierno de Arias- Fraga. Era miembro de la dirección del PCE en Madrid como responsable del Comité de las Grandes Fábricas, que agrupaba Standar Eléctrica, Marconi y Citesa del grupo ITT, Barreiros y Pegaso. Se habían convocado paros, asambleas y una gran manifestación. La noche antes, se presentaron en casa tres miembros de la Brigada Político Social. Registraron la casa de arriba a abajo, hasta debajo del colchón de la cuna de uno de mis hijos, me esposaron y me condujeron a la Dirección General de Seguridad (DGS). Fui uno más. Habían estado de recogida en los domicilios de: Fidel Alonso y Rosa Roldan de CASA, Manuel Alarcón de Siemens, Bautista Pérez de Kelvinator, Adolfo Piñedo y Manuel Balbuena, ambos de Standar. Todos y todas dirigentes metalúrgicos de CCOO y del PCE. A nadie nos pusieron la mano encima en la DGS. El clima por nuestra parte era hasta de cierta arrogancia con los interrogadores. Las noticias que nos llegaban, ya en los juzgados de las Salesas, eran de una masiva participación en las movilizaciones y paros, esencialmente en Getafe. Estando en los calabozos de Las Salesas vimos que habían detenido también a Críspulo Nieto; venía con las manos y los pies morados de los golpes de la Guardia Civil en la manifestación de Getafe. A todos nos pusieron 100.000 pesetas de multa o un mes de cárcel. A una parte se nos pagó mediante colecta. Ese fue mi caso, porque trabajaba en la editorial Seix Barral y la pagó CCOO de artes gráficas. Salí a los 10 días.
La segunda detención fue en abril-mayo del mismo año. Fueron a buscarme al trabajo, a la editorial. Al ir a aparcar el coche me encañonaron con la pistola, me hicieron bajar del coche y me condujeron a la DGS. Estuve durante 15 horas en tres interrogatorios. Mi interrogante era Roberto Conesa, que me relacionaba con Gregorio Morán, el periodista y escritor, además de responsable del aparato central de propaganda. Yo no conocía su domicilio, ni el del aparato. Yo no era un hilo que llevara a sitio alguno… Pasadas las 72 horas me pusieron en libertad. Creo ilustrativo dos detalles: Gregorio Morán poco tiempo después de esto, en 1977-78, escribió un serial muy famoso que le haría famoso también a él, en Diario16, conocido como «El súper agente Conesa», sobre la biografía de este despreciable tipo; el otro, durante mi interrogatorio y los largos monólogos a los que me sometía Conesa, me repetía con insistencia que la Democracia por llegar, la que los comunistas queríamos abortar con nuestras alteraciones del orden público y sabotajes, vendría de la mano del gobierno del momento y encabezada por el rey. Él seguiría siendo jefe policial y su trabajo, imprescindible como hasta ese momento. Puedes imaginarte mi descreimiento de ese relato, pero lo cierto fue que el gobierno con Fraga, lo ascendió. Martín Villa lo condecoró, igual que a ‘Billy el Niño’. Esta ignominiosa rémora la arrastramos hasta ahora como una de las limitaciones en la calidad de esta Democracia. Una razón de peso para la aprobación de la nueva Ley de Memoria Democrática.


¿Qué opina sobre la nueva proposición de Ley de Memoria Democrática?
Es un avance muy importante a la anterior Ley de Memoria Histórica de 2007 del Gobierno de Rodríguez Zapatero, aunque yo echo de menos una mención explícita a la legalidad del Gobierno de la República. Creo también que de alguna forma es una victoria de las asociaciones memorialistas, de su trabajo contra viento y marea en las más precarias condiciones y sin la mínima cobertura jurídica. Aún así, nunca han dejado de empujar. No hay que olvidar también que es uno de los puntos programáticos del Acuerdo del Gobierno de Coalición Progresista. En este momento la ley está en periodo de tramitación de información; las asociaciones, organizaciones, personas interesadas la pueden y deben mejorar con sus aportaciones.


¿Qué labor constituye la Mesa de Memoria Histórica en Getafe?
Creo muy importante el carácter institucional de la Mesa. La aportación municipal del Ayuntamiento da una categoría formal, legal, a la mesa, que facilitará mucho los trabajos de divulgación de la misma y la propia identificación ciudadana con la mesa y sus objetivos. La participación oficial mediante convenio entre el Ayuntamiento de Getafe y la Universidad Carlos lll dota a la mesa de una formalidad, solemnidad, institucional y académica, que facilitará muchísimo el recibimiento y acogida social de la mesa. Pero la memoria histórica sin institucionalizar, sin darle la apoyatura y la cobertura de las instituciones democráticas, no tendría mucha validez.
En Getafe se pueden encontrar búnkers, trincheras y un cementerio de guerra en el Cerro de los Ángeles; la antigua cárcel que ahora es la actual biblioteca Ricardo de la Vega; el colegio Los Escolapios, que fue un Hospital de sangre durante la guerra, y el Hospitalillo de San José. La Universidad Carlos III de Madrid que fue un antiguo cuartel de artillería, la Catedral de Santa María Magdalena, la antigua Iglesia de Perales del Río, así como la Base Aérea y su entorno. También los antiguos cementerios de guerra, uno situado en la carretera de Toledo y el anexo al municipal de La Concepción.

¿Qué hechos históricos más emblemáticos podemos encontrar en Getafe?

En Getafe se pueden encontrar búnkers, trincheras y un cementerio de guerra en el Cerro de los Ángeles; la antigua cárcel que ahora es la actual biblioteca Ricardo de la Vega; el colegio Los Escolapios, que fue un Hospital de sangre durante la guerra y el Hospitalillo de San José. La Universidad Carlos III de Madrid que fue un antiguo cuartel de artillería en Getafe, la Catedral de Santa María Magdalena, la antigua Iglesia de Perales del Río, la Base Aérea y su entorno. También los antiguos cementerios de guerra, uno situado en la carretera de Toledo y el anexo al municipal de La concepción.

¿Crees que las nuevas generaciones son partidarias de “despertar fantasmas del pasado”?

Después del 15-M parece que hubo una eclosión. Muchos pusimos bastantes más esperanzas en que tuviera más continuidad. La juventud hace mucha falta; echo bastante de menos a una juventud más organizada y partícipe. No hemos conseguido que las instituciones políticas formen parte de lo cotidiano para la gente. Hace falta un esfuerzo mayor para que la gente entienda que lo que se cuece en el ayuntamiento tiene que ver con su vida diaria. A los jóvenes les hace falta saber qué es impresión y sin su participación y sin su presencia en las instituciones democráticas las cosas no van a continuar lo suficiente para lo que necesitamos.

El lío comunicativo ha logrado que la memoria histórica para los jóvenes sea algo de los abuelos. Siempre hemos avanzado con la losa del peso del miedo y el terror a la guerra civil, al enfrentamiento fratricida y las consecuencias de la guerra y a lo duro que era en ese momento enfrentarse a las fuerzas. No se puede poner en duda que el franquismo y el postfranquismo han dejado un poso sociológico, cultural y político mucho mayor de lo que pensamos. Hay una necesidad perentoria de que nuevas generaciones se incorporen a la movilización de la democracia, porque si no va a estar falta de contenido y de realidad. La política tiene que ser un reflejo lo más organizado, vivo y real posible de la sociedad. Es un problema muy serio.

¿De qué formas crees que se podría inculcar a la ciudadanía para preservar la memoria histórica?

Si no somos capaces de impulsar desde las asociaciones, el interés de los vecinos no va a salir espontáneamente. Cuando era concejal de Leganés en 1979 acudía a múltiples charlas en los colegios e institutos porque los chavales pedían conocer la historia. Hoy es más difícil pasar el tamiz de los Consejos Escolares Claustros y de la comunidad escolar y académica que en el 1979. El haberlo normalizado institucionalmente facilita mucho el que sea un problema que podamos normalizar socialmente.

Un comentario en «ENTREVISTA/ Paco Serrano: “La Memoria Histórica sin apoyo de las instituciones democráticas no tendría validez”»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *