ECOLOGISMO/ Crisis, decrecimiento y cultura popular, una vía natural de salida

Lola Illamel, miembro de Líbere, Educación y Desarrollo

Cada vez son más las personas expertas y científicas que consideran el decrecimiento como la única opción viable ante el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales que nuestro actual sistema ultracapitalista ha generado.
Como toda crisis representa una oportunidad, sería posible apostar por aprovechar esta pandemia para entrar de lleno en la línea del decrecimiento. Sin embargo, ello supone un cambio radical de nuestro sistema de vida, no solo a escala nacional, política o económica, sino también en el plano individual. De hecho, también es en ese plano individual en el que se harán sentir las peores consecuencias de la crisis económica y social que la pandemia está generando.
¿Tenemos las ciudadanas y ciudadanos de a pie los medios para capear el temporal y actuar responsablemente en las actuales circunstancias?


Cultura popular, un modelo eficaz para abordar el decrecimiento
Un cambio de rumbo y de vida tan radical como el que nos exigen las crisis climática y sanitaria se vería enormemente facilitado por un modelo que hubiera ya demostrado sus virtudes.
Aunque parezca difícil de creer, ese modelo existe y nos es perfectamente familiar: es el modo de vida tradicional de las clases populares. Dicho de otro modo, la cultura del pobre.
En efecto, al adoptar desde hace lustros los valores y modos de la cultura burguesa, la ciudadanía ha dado la espalda a un saber ancestral que podría ser crucial en estos momentos.
Vernos forzados y forzadas a renunciar a nuestros desplazamientos cotidianos o a nuestros placeres habituales (ir de compras o de copas, viajar cada vez que tenemos vacaciones, cambiar de móvil aunque no sea necesario…) nos sorprende y nos inquieta. Sin embargo, todo ello era perfectamente ajeno a la vida de la inmensa mayoría hace solo un par de generaciones, cuando millones de familias podían pasar meses subsistiendo únicamente con sus propios recursos y sin salir jamás de sus aldeas.
Ese modelo de vida generó una cultura que guarda la sabiduría y la inteligencia de generaciones de gente pobre capaz de salir indemnes de muchas situaciones difíciles, incluso dramáticas: la cultura de las clases populares, tanto en los campos como en las ciudades, antes de que la revolución industrial se generalizara.


Coronavirus, decrecimiento, subsistencia… ¿negativo?
Se trataba básicamente de una economía de subsistencia. Desde la perspectiva actual parece una vuelta atrás. Pero ¿qué hay de negativo en que cada cual asuma sus necesidades de una forma responsable con el ecosistema y solidaria con el resto de la sociedad?
Otra cuestión es cómo se articularía hoy a nivel colectivo, local, estatal y global esa mayor responsabilidad individual, aplicando reglas de solidaridad para evitar procesos de exclusión social o económica.
Sin embargo, lo que está claro es que también se necesita un cambio radical de mentalidad si es la ciudadanía la que tiene que tomar las riendas de este cambio de rumbo.


Revalorizar la cultura de los pobres
El juicio negativo acerca de la cultura popular, la de los pobres, se ha impuesto en la mentalidad actual, muy influida por los valores de confort, individualismo a ultranza, materialismo y opulencia. Un sistema burgués de valores que ha hecho que hayamos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades y de las de nuestro ecosistema hasta el punto de poner en grave peligro la supervivencia de la especie.
No es cuestión de idealizar el pasado tampoco sino, más bien, de recuperar un sistema de valores y de comportamientos que funcionaba bien, era sano para la gente y para el planeta y lo sentimos nuestro, porque muchas y muchos de nosotros lo hemos vivido a través de seres muy queridos, como nuestras abuelas y abuelos o quizás, incluso, nuestros propios padres y madres en algunos lugares.
El cambio que nos exige la crisis medioambiental actual, de la que la pandemia por COVID-19 no es más que una de sus múltiples –y graves– consecuencias, podría resultar muchísimo más fácil si tomamos ese sistema familiar como modelo: no tendremos más que vivir como hemos visto vivir a nuestra gente mayor en los pueblos.
La sociedad de consumo caerá, con o sin coronavirus. Simplemente porque no se sostiene a sí misma. Ante nosotros y nosotras se abre la oportunidad de aprovechar la circunstancia actual para recordar y adoptar otros modos más sensatos de vivir y de ser felices.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *