EDITORIAL/ Presupuestos desde abajo

Doce años después de la crisis que arrasó con la economía española, cuando parecía que a duras penas levantábamos cabeza, nos azota una doble crisis aún más agresiva que vuelve a amenazar las bases materiales de buena parte de la población.
En esos doce años, las clases populares de este país han presenciado de primera mano los mayores ataques al Estado de Bienestar desde que se empezó a construir. Los grandes partidos llegaron incluso a aliarse con tal de asumir las férreas órdenes de Bruselas. Todo ello, cómo no, en detrimento de aquello que nos protegía a la mayoría: lo público.
El remedio fue aún peor que la enfermedad. Cuando pensábamos que había pasado lo peor, llegó la famosa austeridad. Una serie de reformas que tenían por objetivo reducir el tamaño del Estado sin ofrecer un mapa de reconducción. Reformas que destrozaron los servicios públicos esenciales, que arrebataron derechos laborales y que, incluso, arrebataron derechos civiles.
Doce años después, el modelo económico del país sigue sin salir del ladrillo y el turismo, dejando el terreno más que preparado para caer en el mismo agujero por segunda vez. Sin embargo, algo ha cambiado mucho desde entonces.
En todo ese tiempo la gente, con una de las pocas herramientas participativas que se le permiten, ha conseguido romper el modelo bipartidista, dando cabida a nuevas fuerzas capaces de poner en jaque a todo aquello que subordine los intereses de las mayorías a los de las élites económicas.
Fue poco tiempo, pero lo suficiente como para prepararnos políticamente contra la siguiente tormenta. Como resultado, a día de hoy, un gobierno de alianza ya se ha puesto de acuerdo para afrontar la nueva crisis de una manera radicalmente opuesta: protegiendo lo que nos protege. Protegiendo lo común.
Hoy, tenemos sobre la mesa los presupuestos más sociales en el momento con mayores necesidades sociales.
Hoy, tras tanto sufrimiento, conseguimos, por fin, unos presupuestos que miran al país desde abajo.

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