“La segunda ola nos ha llegado demasiado pronto y demasiado fuerte”

Médico de familia en un centro de salud en Madrid, escritor y experto en salud pública.

Javier analiza las claves de una crisis sanitaria que sigue golpeando con fuerza a la ciudadanía española y, con especial virulencia, a la población madrileña.

Redacción

La actual situación de temor e incertidumbre que ha generado y sigue generando la pandemia requiere de voces autorizadas y opiniones críticas para poder avanzar, pero también para evitar que los errores cometidos con la gestión del Covid-19 se puedan repetir en el futuro. Javier Padilla, médico de familia en Madrid, escritor y experto en salud pública, analiza en esta entrevista concedida a Getafe Central las claves de una crisis sanitaria que sigue golpeando con fuerza a la ciudadanía española y, con especial virulencia, a la población madrileña.


Javier Padilla es médico de familia y comunidad en un centro de salud en Madrid. Autor de Epidemiocracia (Capitán Swing, 2020), ¿A quién vamos a dejar morir? (Capitán Swing, 2019) y coordinador de Salubrismo o barbarie (Atrapasueños, 2017). Miembro del Colectivo Silesia. Máster en Salud Pública y Gestión Sanitaria (EASP) y máster en Economía de la Salud y del Medicamento (UPF). Asesor de políticas públicas para En Comú Podem en el Congreso de los Diputados (2016-2017). Colaborador ocasional en diversos medios de comunicación.


Pregunta: La primera pregunta es obligada. ¿Ha habido negligencia por parte de la Comunidad de Madrid en la gestión del COVID-19?

Respuesta: Creo que ha habido incapacidad y, probablemente, irresponsabilidad institucional. Creo que hay que tener cuidado en la calificación de las respuestas y que estas se deben basar en una evaluación que incluya no solo las decisiones tomadas en el seno de la pandemia, sino también las tomadas los años antes que nos preparaban, o no, para la situación actual. Ahora mismo, creo que lo que sí podemos afirmar es que la Comunidad de Madrid, por la debilidad de sus servicios públicos, especialmente los de Salud Pública y Atención Primaria, pero también los Servicios Sociales, estaba mucho peor preparada que otras regiones.


P: ¿Cómo cree que podría haberse gestionado mejor la crisis sanitaria generada a raíz de la pandemia?


R: Es fácil señalar a posteriori qué habría que haber hecho, así que prefiero pensar en qué tendríamos que hacer si nos encontráramos ante una situación parecida en el futuro; es decir, qué aprendizajes tenemos que llevarnos a partir de ahora para fortalecer nuestra capacidad de respuesta. Creo que se pueden señalar cuatro aspectos fundamentales: I) ante una enfermedad que nos aporta datos de casos positivos cuando hace una semana que se ha dado el contagio, es clave actuar con anticipación, incluso en medidas que puedan resultar excesivamente alarmantes como la limitación de la movilidad, II) es preciso tener la capacidad de proteger de forma precoz y preferente a los más vulnerables clínicamente, en este caso a las personas mayores; un blindaje de las residencias habría redundado en una foto muy distinta del impacto de la pandemia en España, III) dotar de una mayor protección social a las personas socialmente más vulnerables, no solo en el momento inicial de la pandemia, sino también cuando se van volviendo a relajar las medidas, porque ahí se corre el riesgo de que se queden fuera del foco de actuación y IV) no convertir la relajación de las medidas en una carrera para ver quién sale antes al nuevo escenario de normalidad.


P: ¿Han pecado las administraciones en su conjunto de exceso de prudencia a la hora de tomar medidas?


R: Creo que al principio veníamos lastrados por una falta de experiencias previas similares y un sesgo de anclaje relacionado con la alerta de la gripe A, que resultó menos letal de lo que en un inicio parecía. Si miramos a países como Corea del Sur, Japón, Singapur o China, sus respuestas están muy ligadas a su experiencia previa con el SARS. Es probable que en situaciones próximas nuestras respuestas sean más tajantes, pero eso no quiere decir que vayan a ser adecuadas; ahora es el momento de empezar a construir sistemas de salud pública con la capacidad para no actuar solo a base de sesgos vinculados a las experiencias recientes, sino que puedan generar una inteligencia epidemiológica que vaya más allá.


P: ¿Qué valoración hace de la situación actual con una segunda ola en ciernes?


R: En la primera ola llegamos tarde a Madrid y relativamente en tiempo a otros lugares de España. Ahora nuestra reacción está muy lastrada por las necesidades de mantenimiento de la actividad económica y la incapacidad de muchas Comunidades Autónomas de montar sistemas capaces de rastreo y de reforzar la atención primaria como elemento nuclear de respuesta desde el sistema sanitario. La segunda ola nos ha llegado (al menos a Madrid) demasiado pronto y demasiado fuerte.


P: ¿Existe riesgo de que la sanidad pública madrileña vuelva a colapsar o, por el contrario, estamos más preparados que en marzo para hacer frente a la pandemia?


R: La sanidad pública madrileña ya está colapsada porque lo están los dos elementos que deberían ser centrales en la respuesta sanitaria: la salud pública y la atención primaria. Colapso no es solo que no haya camas libres en los hospitales, que va camino de no haberlas, colapso también es que la gente encuentre limitaciones graves en el acceso a atención primaria o que nadie reciba llamadas de los rastreadores para realizar los estudios de contactos.


P: La polémica ‘vuelta al cole’ ¿ha sido una decisión precipitada? ¿Cree que debe prevalecer el regreso a las aulas antes que preservar la salud de los niños y, por ende, de sus familias?


R: Las escuelas son lugares esenciales, y por ellos hemos de hacer que sean lugares cerrados. No es que la vuelta a las aulas haya sido precipitada, sino que la respuesta y la previsión política ha sido tardía o casi inexistente. En un contexto de transmisión comunitaria generalizada y descontrolada sabemos que las aulas serán reflejo de lo que ocurre fuera de sus puertas. Viendo la evolución de la epidemia en la Comunidad de Madrid en el mes de agosto, habría sido preciso imponer las medidas necesarias para que la transmisión se controlara y las escuelas pudieran abrir de forma segura, porque realmente son un elemento central para la cohesión social y para el desarrollo y la salud de la infancia.


P: Ayuso ha anunciado un Plan de Atención Primaria dotado con 80 millones de euros. ¿Acertado y necesario o simple maquillaje?


R: 80 millones de euros… en tres años. Eso son unos 4 euros por habitante al año. Teniendo en cuenta que Madrid gasta 147 euros por habitante al año y que eso es unos 70 euros por habitante y año más bajo que la media del estado español, se antoja que se trata de un plan escaso, insuficiente y casi anecdótico. Esos 80 millones hacen falta en 3 meses, no en 3 años.


P: ¿Cómo se le puede explicar a la ciudadanía que, en una situación como la presente, la atención primaria esté prácticamente paralizada?


R: La atención primaria no está paralizada, está colapsada. Creo que en pocos momentos de la historia reciente de la atención primaria esta ha trabajado más duro; el problema es que el nivel de colapso ha introducido elementos de barrera al sistema sanitario que hacen que mucha gente piense que hay inacción en vez de saturación. Muchos centros de atención primaria son arquitectónicamente deficientes e incompatibles con volver a situaciones de 20 o 30 personas esperando en salas de espera no ventiladas. A este respecto, creo que es necesario que los centros de salud trabajen conjuntamente con el tejido asociativo vecinal para consensuar medidas y explicar el porqué de muchas de ellas, así como para trasladar la realidad de que la saturación y el colapso es distinto a la inacción.


P: ¿Teme, como profesional de la sanidad pública, que después de todo esto se produzca un aluvión de ciudadanos que opten por seguros privados?


R: Creo que estamos en un momento de sentimientos contradictorios; por un lado hay una revalorización de la importancia de los servicios públicos y de su defensa, pero por otro lado existe una cantidad creciente de necesidades de salud no cubiertas. Está claro que los seguros privados intentarán captar nuevos clientes para sus productos, pero también hay que ser conscientes de que ha quedado muy claro que, en situaciones de necesidad, solo lo público está ahí para dar respuesta. Habrá un incremento en el aseguramiento privado, pero el foco y la lucha hay que ponerlo en el fortalecimiento de los servicios públicos.


P: Dejando a un lado la encomiable labor de los y las profesionales de la sanidad pública madrileña, ¿en qué estado se encuentra actualmente el sistema público de salud?


R: El sistema de salud convive ahora mismo en la intersección de varias crisis. Por un lado, una crisis estructural ligada a su pobre financiación, especialmente en la última década, y su poca capacidad para dar respuesta a la vez a lo extraordinario y lo rutinario; por otro lado, una crisis coyuntural, ligada a haber sufrido el impacto de la crisis de la primera ola y tener ahora, sin respiro, que abordar la segunda. El sistema sanitario está dañado y va a tardar en reponerse; además, más que reponerse, lo que necesita es reconstruirse para poder encarar una realidad que es diferente a la que teníamos hace tan solo unos meses.


P: El título de su libro ‘A quién vamos a dejar morir’ ha supuesto a posteriori una triste analogía con la gestión de las residencias de mayores en Madrid. ¿Qué opinión le merece lo ocurrido?


R: El título, en su momento, aludía al hecho de que las decisiones políticas acaban incidiendo sobre las vidas de la gente hasta el punto de poder impactar en una mortalidad diferencial según diferentes aspectos. No cabe duda de que la manera en la que tenemos organizados los cuidados de las personas dependientes, el grado de mercantilización de una parte importante de las residencias, especialmente en comunidades como Madrid, y la desconexión entre los servicios sanitarios y los centros sociosanitarios, han supuesto el caldo de cultivo ideal para que se desencadenara una situación como la que tuvimos. Lo ocurrido fue horrible, que no tengamos la certeza de que pueda volver a ocurrir lo es casi más.


P: Por último, ¿hay un mensaje de esperanza para la ciudadanía de a pie que, al fin y a la postre, es la más damnificada?


R: Personalmente, dentro de la situación actual, me parece que lo que más esperanza transmite es que, a pesar de la llamada constante al aislamiento, la individualidad y la distancia física, han florecido multitud de respuestas basadas en la solidaridad, el cuidado colectivo y las redes comunitarias. Solo lo común nos llevará a una reconstrucción mejor de la que teníamos antes.

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