Tiempos de cambio

Editorial

Explica Thomas Piketty en su último libro Capital e Ideología, editado por Deusto, cómo el periodo transcurrido entre 1880 y 1914, la previa a la Primera Guerra Mundial, la convulsa época de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial, es el periodo de la historia donde más creció la desigualdad: la diferencia entre la población que acumulaba más riqueza frente a quienes disponían de menos recursos fue la mayor de la historia con datos disponibles. Es una de las razones que estos expertos atribuyen como causa a lo sucedido después.
Tras la Segunda Guerra Mundial, vivimos el mayor periodo de igualdad de nuestra historia, al menos en Europa, algo que comenzó a cambiar en la década de los 80 con las políticas liberales impulsadas por Reagan y Thatcher, que nos han llevado a que, como dice un estudio de Oxfam, 26 personas posean la misma riqueza que 3800 millones de personas.
Según Naciones Unidas, la desigualdad no se trata solo de la riqueza, el patrimonio neto o de los ingresos, el sueldo bruto. También puede abarcar la expectativa de vida, la facilidad que tienen las personas para acceder a los servicios de salud, la educación de calidad o los servicios públicos. Hay desigualdades entre los géneros y entre los grupos sociales.
Vivimos en una nueva revolución tecnológica. Éstas siempre han supuesto cambios fundamentales en la forma de vida del ser humano; de la rueda a la máquina de vapor, de las cadenas de montaje al algoritmo, se han modificado las necesidades de la economía.
Hoy, la automatización y el crecimiento global de la población, junto a otros factores, estaban llevando al cambio del que podríamos denominar como “Homo Productor” al “Homo Consumidor”; un proceso vital para el sostenimiento de la economía.
El trabajo del hombre, en grandes cantidades, ya no es necesario para cubrir sus necesidades básicas; ahora su nueva función es la de consumidor para mantener la rueda de la economía, eso aún no lo pueden hacer las máquinas aunque el algoritmo quiera condicionarlo.
Esta es la reflexión que tenemos que tener clara antes de abordar la importancia de una medida que va a cambiar nuestra historia política y social como es el Ingreso Mínimo Vital aprobado por el Gobierno. Nuestro país es el último de Europa en aprobarlo. Es una cuestión de eficiencia económica, que debe continuar y crecer por el bien de la sociedad para evitar que crezca la desigualdad y con ella las guerras, los virus y los desastres naturales , y solo es posible pagar con los impuestos de quienes obtienen cada día mayores beneficios con la automatización. Es un cambio irreversible que, como siempre ha ocurrido en la historia, no será fácil.

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