Ideología y movilidad

Redacción

La movilidad es una de las competencias municipales que más puede notar la gente en su día a día. El empleo, las pensiones, la educación, la sanidad o la investigación nos pueden parecer más importantes, pero los ayuntamientos, aunque pueden aportar, poco pueden transformar.
La forma en la que nos movemos por una ciudad, lo accesible que es hacia personas con diversidad funcional, la seguridad con la que podemos caminar o ir en bici al trabajo o conseguir satisfacer todas nuestras necesidades en un radio de 15 minutos a pie son algunas de las cuestiones que se debaten en los ayuntamientos y que pueden mejorar o empeorar la calidad de vida de las personas.
Como todo en política, en la movilidad también existe ideología. Una ideología que enfrenta dos modelos de ciudad muy diferentes: el modelo de los coches frente al modelo de los que no van en coche. Acera vs. calzada.
Este debate es el origen de grandes discusiones en sesiones plenarias en las que se proponen medidas encaminadas hacia un modelo o hacia otro. Medidas que quieren proteger las autopistas manteniendo o construyendo puentes para que la gente cruce y no moleste a los coches, frente a medidas que reducirían la velocidad, instalarían semáforos y permitirían que la gente pueda seguir su camino sin demoras. Medidas que buscan construir un modelo de ciudad donde la gente vaya caminando o en bici de forma cómoda y segura, frente a medidas que buscan invertir en más parkings (y menos parques).
En estos momentos, la crisis del coronavirus y la necesidad de mantener un distanciamiento social trae, de nuevo, este debate.
¿Cómo vamos a mantener un distanciamiento entre personas si las aceras son estrechas o están partidas por un carril bici (o mejor dicho, acera bici)? ¿Cómo vamos a conseguir que los bares puedan desplegar las terrazas cumpliendo las distancias si no hay espacio en la acera y este se necesita para que la gente cumpla las distancias?
Las nuevas reglas del juego rompen el debate y convierten el modelo de ciudad peatonal en un modelo imperativo. El debate ya no es si se van a cortar calles para que la gente respete la distancia de seguridad, que es algo que cualquier ayuntamiento que no quiera un rebrote deberá llevar a cabo. El debate ahora es si estamos dispuestos a que estas nuevas medidas echen raíces y podamos levantar, por fin, un modelo de ciudad moderno donde la gente pasee con seguridad, haga ejercicio con comodidad, pueda ir al trabajo desde casa y, que no se nos olvide, respire aire limpio.

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