“Hay gente que se está planteando dejar este trabajo”

CHARO ALONSO// VECINA DE GETAFE Y PROFESIONAL DE LA SANIDAD PÚBLICA EN EL HOSPITAL GENERAL UNIVERSITARIO GREGORIO MARAÑÓN DE MADRID

Trabajadora en urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid desde 2003 y delegada del sindicato Mats (Movimiento Asambleario de Técnicos Sanitarios).

Rosa Belén Iniesta

¿Cómo fueron los primeros días de atención a los pacientes que llegaban a urgencias?

A primeros de marzo no se le daba importancia, porque se veía como una gripe más y nadie podía imaginarse que acabara siendo una pandemia. Nadie se pensaba que se iba a colapsar de esta manera nuestro sistema sanitario. De la noche a la mañana teníamos en urgencias 400 personas recibiendo asistencia. Todo el personal del hospital, direcciones incluidas, se volcaron de lleno en Admisión, que es donde se gestionan los ingresos y se habilitan las camas y espacio disponible. Como si se tratara de un país en guerra, teníamos pacientes sentados a lo largo de los pasillos y recovecos de la urgencia, tosiendo, con las botellas de oxígeno… Actualmente tenemos una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de unas 18 camas de aforo y se llegaron a crear 192 camas. Se tuvieron que habilitar el gimnasio, la biblioteca y el pabellón de oncología que estaba en obras y que se había paralizado. Las camas se multiplicaron en todos los sitios del hospital donde era posible. Al principio, con el mismo personal y, poco a poco, con el personal de refuerzo contratado- muchos de ellos jubilados y estudiantes-, y el personal voluntario. Personal que, en la mayoría de los casos, carecía de experiencia y especialización, sobre todo en UCI. Era desesperante y creaba gran impotencia para los trabajadores ver que no se llegaba a todo el mundo, a pesar de estar trabajando al 200%. Un auténtico caos y mucha tristeza. Los pacientes se morían en el pasillo, en urgencias, ya que no había camas disponibles en planta. Los médicos se vieron obligados a utilizar criterios de medicina de guerra, haciendo lo que jamás pensaron que iban a verse obligados a hacer por falta de medios. Decidir a quién conectar a un respirador y a quién no, según determinados criterios. Por compañeras de otros hospitales, llegó a mis oídos la frase “limitación del esfuerzo terapéutico”, que se te quedaba grabada en la mente y te ponía la carne de gallina cada vez que lo recordabas, imaginando lo duro que tenía que resultar para cualquier profesional de la salud enfrentarse a esa decisión.

¿Qué ha sido lo más grave que habéis sufrido respecto a la carencia de recursos humanos y materiales?

Lo más grave de todo esto ha sido no tener Equipos de Protección Individual (EPIs). Te dejaban equipos contados y racionados que cada uno se tenía que desinfectar y lavar porque había que reutilizarlos. Muchísimos trabajadores atendían a los pacientes sin equipos de protección porque no había, y había que priorizar para los profesionales más expuestos, con más peligro de exposición, como el de las UCIs; material como mascarillas FFP3, FFP2, pantallas y gafas protectoras, batas y monos impermeables… Al principio lo más relevante fue la colaboración de asociaciones de vecinos, donaciones de las tiendas de chinos, los propios trabajadores del hospital (personal de mantenimiento y otros), que se dedicaban a hacer material de protección, fabricando respiradores con las mascarillas del decathlon, mascarillas artesanales, pantallas… Nos reuníamos con la gerencia y nos decían que la Comunidad de Madrid nos había enviado mascarillas y EPIs que parecía que nunca llegaban y, si llegaban, no lo hacía a las manos de quien lo necesitaba. Nunca entenderemos bien dónde se quedaba o si realmente llegaba. Por lo que había que racionar lo poco que llegaba, ya que la necesidad era extrema y la situación cada vez era más complicada.

Profesionales sanitarios contagiados

El pasado 4 de junio, el Hospital Gregorio Marañón ponía en marcha una investigación interna epidemiológica por el contagio positivo de Covid-19 de cinco neumólogos e informaba que controlaba en aislamiento a otros dieciséis profesionales sanitarios que habían realizado un almuerzo de despedida de residentes en el Servicio de Neumología. ¿Cuál es la tasa actual de contagio del personal sanitario en el hospital?

Tenemos un 30% de contagiados que forman parte del personal sanitario en nuestro hospital. Se ha hecho un estudio a todos los trabajadores con serología donde ha salido gente que realmente era positiva pero asintomática, por lo que ha estado mucha gente trabajando sin saber que tenía la enfermedad. Al principio el personal con síntomas abandonaba su puesto y era puesto en cuarentena. Pero como el personal contagiado iba en aumento, decidieron “suavizar” el protocolo, recomendando seguir trabajando a los profesionales con síntomas leves y tolerables. No sólo nos afectó la falta de medios y equipos de protección, sino la falta de personal.

«Hay compañeras a las que se les empañan los ojos al recordar cuando estaban envolviendo cadáveres en bolsas de plástico»

Como profesionales de la sanidad, ¿cómo os encontráis anímicamente después de llevar luchando contra el Covid-19 durante varios meses?

El personal sanitario está muy cansado y tocado. Hablo con compañeras que se ponen a recordar cuando estaban envolviendo cadáveres en bolsas de plástico y no pueden evitar emocionarse y hasta llorar. Están muy dolidas, sobre todo por ver ahora que a la gente se le ha olvidado ya todo, que salen a la calle y llenan las terrazas como si no pasara nada. Y encima protestando por haber estado “castigados”, cuando en realidad lo que estaban era protegidos. Te indigna porque nosotras estábamos aquí todos los días y sin protección, y ellos estaban en casa a salvo. Duele mucho pensar que una parte de la población se siente castigada y hablan en pasado, mientras aquí seguimos teniendo una UCI completamente llena con pacientes con Covid-19 pasándolo mal, con 180 personas ingresadas en planta y que no sabemos si van a evolucionar a mejor o peor. Con gente que viene con recaídas, que había estado ingresada, se le ha dado de alta y vuelven a manifestar la enfermedad. Creo que en algunos casos no la han llegado a superar, o no se han recuperado bien. Está claro que ante este nuevo virus no podemos relajarnos.

“Tenemos un 30% de contagiados que forman parte del personal sanitario en nuestro hospital”


Se ha puesto un teléfono de atención psicológica porque hay muchos profesionales que están al borde, no lo pueden aceptar, es como que se ven obligados a hacer algo que jamás hubieran pensado, como decidir quién vive y quién muere. Oyes cómo los compañeros te cuentan cómo han peleado con los supervisores diciendo “¿cómo no le vamos a poner un respirador a una persona de 40 años?”. Después de estar mano a mano con el paciente y dejando morir a una persona te cuentan que “no quería, no me han dejado otra opción”. Hay incluso gente que se está planteando dejar este trabajo. Hay mucha gente que lo está pasando mal, y siente que si viene otra oleada no va a estar preparado, hasta decir «yo no quiero estar ahí». Es una indignación porque a la gente se le está olvidando todo, cuando yo no lo puedo olvidar. Aquí ha habido profesionales que no tuvieron la oportunidad de despedir a sus familiares cuando se murieron y tuvieron que seguir trabajando. Creo que psicológicamente va a pasar factura. Aún así, sacaron una capacidad impresionante, porque lo ves desde fuera y no puedes comprender cómo pueden atender a 30 ó 40 pacientes una sola persona. A lo mejor es la fuerza de la costumbre de trabajar en la miseria y la precariedad. La biblioteca del hospital sigue ahí tal cual, con los respiradores preparados, por si acaso. Todo el mundo espera además que haya otro rebrote.

Crisis sanitaria

¿Crees que se podría haber evitado esta pandemia?

Todo esto que nos ha pasado podría haber sido menos virulento si hubiéramos tenido todos los medios. No es la primera vez que hay problemas de falta de material, camas, personal… Llevamos muchísimos años viendo cómo se va deteriorando todo. El Hospital Gregorio Marañón es el más grande de Madrid y hemos podido tener tantísimas camas porque había espacio, ese espacio que estaba vacío por la política de recorte de camas y personal a lo largo de la última década, al igual que en los demás hospitales. Ahora mismo se sigue recortando y despidiendo personal. No se está renovando al personal de refuerzo hasta diciembre como se dice. Muchos han sido despedidos y la maniobra consiste en ofrecer contratos hasta diciembre a personal que ya se encuentra cubriendo bajas, a modo de mejora de empleo. No están reforzando el personal, sino dejándolo al mínimo. Si esto vuelve a pasar, estamos exactamente igual. En vez de fortalecer la sanidad, que es lo que habría que hacer, están haciendo todo lo contrario.

Actualmente, estáis haciendo reivindicaciones en los centros hospitalarios por la falta de medidas. En una de las manifestaciones realizadas en el Hospital Universitario de Getafe hacían referencia a serologías congeladas, contratos precarios, Equipos de Protección Individual (EPIs) reutilizados… ¿Qué opinas de la gestión de la Comunidad de Madrid?

La gestión de la Comunidad de Madrid fue terrible al desmantelar la atención primaria y cerrar todos los centros de salud para enviar a todo el personal a Ifema. Fue un error anular la atención primaria, que habría servido como filtro, el más importante para ir cribando y tratando los primeros casos, aislando a los pacientes positivos en lugar de forzar a que todos, leves y graves, acabaran en la urgencia, tuvieran la patología que tuvieran. De los hospitales privados, que supuestamente iban a colaborar con los públicos, nos llegaba una orden de dos o tres camas, con requisitos de que no fueran mayores de 70 años y que no requiriesen cuidados de UCI. Sabemos por los médicos que hablaban con los hospitales privados, que a muchos se les había hecho un ERTE porque estaban a mínimos, con el personal justo por si se veían obligados a ceder alguna cama.
Al principio de la crisis sanitaria, incluso algunas clínicas privadas nos mandaban a sus pacientes a los que habían detectado un posible contagio y los metían por urgencias. En lugar de ayudarnos, nos estaban enviando a sus pacientes. Al final lo más costoso lo asumíamos los hospitales públicos.

¿Cómo afrontais la nueva normalidad?

Vamos a necesitar mucho más personal para las listas de espera de todo lo que se ha parado y que se está empezando a retomar. A la gente que ha venido de otras comunidades les han cesado y de la noche a la mañana les quitaban la habitación del hotel. La Atención Primaria sigue sin funcionar con normalidad y con menos personal disponible aún por tener que hacer los estudios de serología a la población. Da la sensación de que no quieren reforzar nuestro sistema sanitario, para dejarlo tan precario como ya lo estaba y así tener la excusa, que no es nueva, de derivar tanto pruebas como intervenciones a la sanidad privada. Por parte de los profesionales sanitarios, y dado que mucha gente ha dejado de aplaudir a la 20h, se ha organizado una plataforma, “Sanitarios Necesarios”, que se concentra en todos los centros sanitarios los lunes a las 20:30 para que nadie olvide que seguimos ahí, que seguimos necesitando muchos recursos y personal, además de condiciones dignas de trabajo; no sólo por nosotros, sino para poder seguir cuidando a la población. Y, por supuesto, no queremos volver ni siquiera a la normalidad de antes. Necesitamos una Sanidad realmente fuerte y preparada para lo que tenga que venir.

¿Qué recomendación trasladarías a los vecinos de Getafe?

No se confíen en absoluto, no digo vivir con miedo o presión. Nadie está libre, no es algo que afecte solo a personas de mayor edad, ya se ha visto. Puede afectar a cualquiera y en cualquier momento. No bajar la guardia, tener cuidado sin estar viviendo con miedo, pero sin confiarse ni relajarse. Ahora la responsabilidad va a recaer en cada uno de nosotros. Y nadie debe olvidar que el mal uso de la nueva libertad quizás no lo pague el que haga las cosas mal, sino alguien muy cercano y querido. Que nadie se relaje.

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