¿Y ahora qué?

Esta pregunta nos la hemos realizado todas y todos durante estos últimos meses muchas veces en nuestros hogares. Existe una amplia división entre quienes creen que lo sucedido nos cambiará para siempre y quienes creen que, una vez más, no vamos a aprender la lección para volver a caer en los errores de siempre; no entendiendo que necesitamos un profundo cambio de forma de vida respetuosa con la naturaleza y que acabe con las desigualdades sociales.
Pero sí existen varios consensos entre la población durante esta crisis que deben verse reflejados en el futuro inmediato. Blindar la sanidad pública gratuita y universal es el primer consenso: nunca más establecer recortes ni primar ninguna cuestión económica por encima de la salud de cualquier ser humano. El Presidente del Gobierno ya expresó la necesidad de reflejar esta cuestión en la Constitución, pero para que sea real y efectiva debe suprimirse el artículo 135 establecido con nocturnidad y alevosía en la anterior crisis económica. Todos los recursos públicos al servicio de la vida humana, sin límites presupuestarios.
El segundo gran consenso entre la mayoría de la población española ha sido entender cuáles son los servicios esenciales que necesita un país para sobrevivir. En muchos casos, eran trabajos que sufrían unas condiciones de precariedad y temporalidad indignas, trabajos desempeñados mayoritariamente por mujeres. Un ejemplo de ellos han sido los servicios de ayuda a domicilio, que han demostrado ser esenciales, a la par que han descubierto lo inviable que ha resultado el modelo privatizador cuando más se les necesitaba. Blindar el cuarto pilar del estado, los servicios sociales, desde lo público, es otra obligación urgente.
Junto a ello lograríamos superar el tercer consenso: proteger los cuidados, proteger a los y las más vulnerables. El mejor ejemplo es la necesidad de un cambio de modelo en los cuidados a nuestras personas mayores. Lo sucedido en las residencias ha demostrado que no podemos imponer criterios económicos en el cuidado de las personas, más aún si son las más vulnerables. Nuestra sociedad no lo debe volver a admitir.
El cuarto consenso que hemos aceptado plenamente como sociedad es que, entendiendo que la cooperación mundial debe ser un elemento fundamental para hacer avanzar nuestro planeta, si no lo cuidamos todas y todos, no tendremos ningún hogar. Necesitamos entender la necesidad de disponer en nuestros espacios territoriales cercanos de las industrias esenciales para proteger a nuestra población. Las deslocalizaciones han jugado un papel social nefasto en Occidente simplemente por criterios económicos; debemos revertir esta situación.
Por último, y no por ello menos importante, el cambio de modelo del lugar donde vivimos se ha demostrado esencial y lo hemos visto mejor durante el confinamiento. La importancia de la proximidad como elemento fundamental para nuestra supervivencia debemos aplicarla a todos los elementos básicos de la ciudad. Vivienda, salud, trabajo, comercio, ocio, cultura y deportes no debemos tenerlos nunca más lejos de quince minutos a pie de nuestra residencia.
Solo así, lograremos salir más fuertes de esta tremenda crisis que hemos sufrido.

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